De manera cíclica, ha habido un resurgimiento de las religiones y de la fe en cada era. Suele coincidir en tiempos en los que hay cambios sociales y culturales que ciertos sectores sienten como peligrosos y amenazantes.
Lo cierto es que si nos paramos a pensar en cómo está el mundo con los conflictos bélicos, las redes sociales, el inalcanzable concepto de éxito, la economía de la precariedad, la desaparición de la clase media o la fuerza que está adquiriendo la ultraderecha en todo el mundo, es lógico que necesitemos volver a tener fe en algo que no es tangible, en algo que nos dé una estabilidad espiritual que no encontramos en nada que sea mundano.
A su vez, diversos sociólogos y sociólogas creen que hay una vuelta al conservadurismo por esa idea rancia y absurda de que cualquier tiempo pasado fue mejor y porque llevamos de manera intrínseca el miedo al cambio y a lo desconocido.

Toda esta tendencia a ser ricos de alma porque cada vez nos sentimos más pobres de cuerpo, se está reflejando en el mundo del arte porque las corrientes artísticas siempre han sido el reflejo de lo que sentimos como sociedad.
La cantante Rosalía ha sido la penúltima en sumarse a esta oleada de espiritualidad llena de una imaginería cristiana a la que no ha renunciado en ningún momento a lo largo de su carrera, pero que sí ha cobrado un protagonismo absoluto en la campaña de marketing que ha acompañado al lanzamiento de su cuarto álbum de estudio: Lux.
La cantante española más popular del mundo lleva meses fotografiándose con rosarios, subiendo reels en los que levita como una divinidad, publicando posts en los que luce vestidos blancos y anillos de aire papal o haciendo declaraciones en las que se identifica como “volcel” (persona que practica el celibato voluntario).

El remate fue el reveal de la portada de su nuevo trabajo que hizo el pasado lunes en la madrileña plaza de Callao atestada de fieles que se abrían a su paso como cuando Moisés separó las aguas del Mar Rojo.
Rosalía llegó mesiánica en su particular “mamimóvil”, vestida de blanco riguroso, con un anillo que lucía una cruz y con zapatos rojos como los obispos. Su icónica melena lucía una corona angelical hecha a golpe de decolorante capilar.
Una cuenta atrás en las pantallas del mítico enclave de la capital, revelaba la portada del nuevo disco de Rosalía.
La cantante aparecía vestida de monja iluminando con su lux a esa legión de fans que profesan su religión desde su primer trabajo: Los Ángeles. Ahora entendemos que el título de su primera obra fue un claro indicio de que en la mente de la catalana nada ocurre por casualidad.

Rosalía no es la única princesa del pop que ha recurrido a la imaginería cristiana para hacer carrera musical. Otras reinas como Madonna y Lady Gaga también han plasmado su espiritualidad en sus shows y sus canciones. La lucha entre el bien y el mal es la protagonista del vídeo Abracadabra de Gaga así como el conflicto entre el celibato y el pecado lo eran en el vídeo Like a Prayer de Madonna.

Actualmente, bandas como Hakuna también predican a sus legiones de seguidores. Ellos mismos definen su proyecto como una misión con la que pretenden recordar al mundo la Verdad del Hombre y la Belleza de la Vida mediante la música. Su lema es: “Cantamos lo que vivimos y vivimos lo que cantamos” y lo hacen con temas como Dime padre o A ti te alabo.
La popular banda Siloé declaraba en una entrevista que la religión y la espiritualidad son muchas veces un poco tabú. El nombre de la banda está relacionado con el cristianismo principalmente por su referencia bíblica en el Estanque de Siloé, donde Jesús sanó a un ciego.

Esta nueva corriente de cristianismo que no sabemos si pretende rejuvenecer el target de la Iglesia o simplemente quiere hacer alarde de una creencia y una manera de sentir y vivir no sólo se circunscribe al mundo del pop, el mundo de la moda también está siendo “reconquistado” con marcas como ALTARE.
ALTARE Brand se definen como jóvenes católicos y valientes, y sí: vendemos ropa. ALTARE nace para vestir lo eterno, sin disfraces ni complejos. Hacemos prendas que no se guardan en un cajón: se llevan puestas como se lleva la fe, a plena luz. Moda con raíz católica para quiénes se niegan a vivir disfrazados de lo que no son.

¿Es sólo cuestión de modas y de marketing o realmente nos encontramos ante una nueva evangelización en tiempos convulsos y de noches oscuras del alma?
«Keep it cute, manito, keep it cute. Que aquí el mejor artista es Dios».
Rosalía