Gab Bois transforma lo ordinario en extraordinario y provocativo
Las fotografías creativas de la artista Gab Bois nos despierta en todos los sentidos.
Las fotografías creativas de la artista Gab Bois nos despierta en todos los sentidos.
La fase hipnagógica del proceso de dormir encierra un potencial que Salvador Dalí fue capaz de aprovechar y explicar.
Existen unos seres maravillosos por cuyas venas corre la creatividad. Son personas que siempre tienen las palabras acertadas, sorprenden en lo que hacen, siembran belleza, provocan y salen de los caminos predeterminados.
Uno de los más humanos, el acto de caminar ha sido parte de los procesos creativos e intelectuales de un sinfín de escritores y filósofos.
La soledad se ha probado como una de las máximas musas en la historia creativa del ser humano.
El vínculo entre la inteligencia y el trastorno bipolar es muy estrecho, de hecho es una teoría que ha sido respaldada desde la antigüedad; no en vano Aristóteles y Platón siempre sustentaron la relación entre el estado creativo y la locura, conjetura que en la actualidad ha sido objeto de estudios científicos que confirman los excepcionales niveles de genialidad, inteligencia y creatividad que poseen las personas que padecen trastorno bipolar.
Quizá sea un código genético, quizá una manera de mirar y de sentir. Puede ser una sensibilidad única y la necesidad de radiar luz más allá de sus epicentros coronarios, ¿qué tienen en común estas criaturas creativas?
Todas esas formas orgánicas y cósmicas o esos volúmenes que parecen nebulosas y auroras boreales tan del gusto de marcianas estrellas como Björk o Lady Gaga, invitan a soñar al espectador y están llenando el mundo de la moda y de las pasarelas, de ninfas futuristas que parecen de otro planeta.
Os presentamos la versión 2.0 del hombre orquesta, no tiene la autonomía de la antigua pero es mucho más cómoda y más fácil de manejar; simplemente con las teclas de un piano de cola, se puede hacer sonar veinte instrumentos musicales diferentes estratégicamente colocados en un sesudo circuito que además es bellísimo.
El ocio ha muerto. El tiempo libre desaparece, pero nosotros nos resistimos. Esto es una oda a il dolce far niente, un intento por hacer que nuestro tiempo, vuelva a ser nuestro.