La rutina de microsiestas para potenciar la creatividad

La rutina de microsiestas para potenciar la creatividad

La fase hipnagógica del proceso de dormir encierra un potencial que Salvador Dalí fue capaz de aprovechar y explicar.

La tenue frontera entre vigilia y sueño es, a decir de Salvador Dalí, “un hilo invisible y tenso” a través del cual el artista era capaz de caminar con una pequeña rutina.

Serge Marshennikov Pintura de Serge Marshennikov

Ésta consistía en tomar una o dos microsiestas durante el día, como preparativo para emprender una tarea demandante en el terreno creativo. Para ello es necesario seguir estos pasos:

1. Sentarse en una silla cómoda pero de respaldo recto, de preferencia con reposabrazos.

2. Sostener entre índice y pulgar una llave metálica y pesada.

3. Colocar bajo la llave un plato volteado bocabajo.

4. Cerrar los ojos y despejar todos los pensamientos de la cabeza, tratando de respirar tranquilamente.

Serge Marshennikov 2 Pintura de Serge Marshennikov

Serge Marshennikov 3 Pintura de Serge Marshennikov

Cuando Dalí “cabeceaba” y sus dedos soltaban la llave, ésta caía sobre el plato, lo que lo despertaba y traía de vuelta a la vigilia. Visto en cámara lenta, la microsiesta de Dalí duraba lo que tarda la llave en resbalar de los dedos y tocar el plato-campana, pero esto era más que suficiente para reponer fuerzas creativas.

El sueño hipnagógico es la primera de las cuatro etapas de un ciclo entero de sueño; es el famoso “estado alfa” donde el cuerpo está preparándose para ponerse en estado de suspensión, pero la conciencia aún se encuentra vigilante y es fácil despertar. Es el tipo de sueño donde nos vemos resbalando o cayendo y del cual despertamos en medio de un sobresalto.

El método de Dalí introduce una llave y un plato como elementos acústicos que tal vez provocan (aunque esto no ha sido científicamente demostrado) una pequeña descarga de adrenalina o cortisona, por lo que despertamos con una pequeña alerta, al igual que ocurre con las alarmas y despertadores comunes, con la ventaja de que el “gong” dura sólo un instante, lo suficiente para alertar nuestros sentidos y traerlos de regreso a la vigilia.

Durante la noche puedes complementar tus microsiestas con onirógenos, sustancias naturales que promueven la lucidez del sueño y el descanso; y descubre la que para Walter Benjamin era la mejor hora del día para relatar un sueño.

via aleph

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