"Icebergs", de Nuno Alexandre Serrão: la belleza de viajar hacia dentro
Personas que eligen la calma frente al ruido, que pertenecen sin mezclarse, que han hecho del viaje interior su forma de explorar el mundo
Personas que eligen la calma frente al ruido, que pertenecen sin mezclarse, que han hecho del viaje interior su forma de explorar el mundo
Un miedo que todos y todas tenemos en común es ser dependientes emocionales. Arraigar nuestra seguridad o incluso nuestra razón de ser y sentir al hecho de creer que no podríamos seguir adelante sin una persona en concreto, nos genera una inquietud innecesaria.
Es del todo imposible no sentirse conmovido, emocionado, traspasado e identificado con la historia de Ángel Hernández, el madrileño que ha asistido a María José Carrasco, el amor de su vida, su mujer, su compañera de viaje, enferma en fase terminal de esclerosis múltiple, en su suicidio.
[Actualización: El 28 de noviembre de 2021 ha fallecido a los 96 años Justo Gallego, el agricultor y albañil que dedicó 60 años de su vida a construir una Catedral en Mejorada del Campo].
Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y, a buen seguro, será la piedra de una ruina devastada por los efectos de una guerra sin sentido y sin razón.
Nos flipan los experimentos fílmicos que juegan con la nostalgia, la ilusión y el paso del tiempo; como en la maravillosa "Boyhood" de Richard Linklater en la que se veían los momentos de vida de una familia grabados en tiempo real, nos sigue emocionando este vídeo que se hizo hizo viral en YouTube.
Pocos momentos de nuestra vida conllevan más emociones que el día de nuestra boda; celebrar el amor es una mezcla de alegría, de tristeza, de euforia, de nostalgia de lo vivido, de buenos deseos, de orgullo, de expectativas y de comunión con todos aquellos seres queridos que consideramos nuestra familia y que comparten con nosotros esa sensación que nos acelera el corazón.
Nuestras cabezas son universos complejos tan llenos de satélites, plantetas y nebulosas que, infinidad de veces, no sabemos entender qué pasa por ellas.
Cuando perdemos a un ser querido, uno de los trances más duros es deshacernos de esa ropa que todavía está impregnada de su olor y que es de las cosas que más nos activa la memoria sensorial, que más nos produce la engañosa sensación de que aún sigue vivo. Gracias a nuestros mecanismos de canalización somos capaces de superar el dolor y hasta de reconvertirlo en arte.
En muchas ocasiones, tener hermanos es la mejor herencia que nos pueden dejar nuestros padres.