Cosas que me dan miedo de verdad (y no solo son monstruos)
Me pregunto: ¿por qué demonios queremos pasar miedo?
Me pregunto: ¿por qué demonios queremos pasar miedo?
La personificación del miedo varía en cada rincón de nuestro planeta, un sentimiento irracional influenciado por la cultura y el entorno en el que nos criamos. El hombre del saco, Boogeyman, Krampus, El coco… no importa el nombre que le pongamos, todos sabemos de qué hablamos: un ser sobrenatural, misterioso y, sobre todo, terrorífico capaz […]
A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable y, por ende, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido. El sentido es algo incomparable. Lo monetario no otorga por sí mismo sentido ni identidad.
Ante el preocupante éxodo rural, a Ayano Tsukimi, vecina natal de la isla, se le ocurrió reemplazar a los residentes por siniestros muñecos.
Miles de juguetes abandonados se desperdigan por el islote en una escena propia de una película de miedo.
La española compara la hospitalidad con la que se recibe al extranjero turista, frente a la xenofobia que parte de la sociedad transmite a refugiados políticos y migrantes sin recursos.
Cunado tenemos pesadillas nos despertamos con la esperanza de que ese mundo al que nos hemos asomando durante el sueño, sea solo eso, un sueño, un espeluznante espejismo.
La fobia y el miedo a los payasos es algo que sufre un gran número de personas sin importar su edad.
Con nuestras filias nos llevamos bien, pero tener fobias conlleva hacer un ejercicio de autocontrol, meditación y reflexión.
En los albores del siglo XXI volvemos a vivir una época de miedo.