No hay futuro y si lo hay, es un atardecer distópico en cualquier suburbio de cualquier ciudad. Ésto lo que nos transmiten las fotografías de Justine Kurland.
La adolescencia es un periodo vital de transformación y de búsqueda con mayúsculas. Las imágenes surrealistas de Kurland evocan utopías y mundos post-apocalípticos o preindustriales.

Inspirada por la pintura inglesa del siglo XIX, por los cuentos de hadas y por la fotografía de Julia Margaret Cameron, Justine explora la adolescencia desde un prisma profundo y nada convencional.

Kurland ganó su primer premio público gracias a la exposición Another Girl, Another Planet (1999), en la que paisajes neo-románticos habitados por chicas adolescentes, medio duendes y medio delinquentes, despojaban sin miedo los secretos de la incipiente edad adulta. Sin duda, una mirada digna de ser compartida.

















«Entre 1997 y 2002, escenifiqué fotografías de adolescentes que imaginaban haber huido de casa y formado una comunidad en las afueras de las ciudades y los suburbios.
Utilicé la fotografía para retratar un espacio donde la experiencia femenina se destacaba y se afirmaba a través del reconocimiento mutuo.
La narrativa de la fuga adolescente, tomada del cine y la literatura, fue un atajo para situar a las chicas fuera de las estructuras de la vida doméstica y dentro de un mundo creado por ellas mismas.
Mi intención era que representaran un estado de felicidad comunitaria. Resultó que las chicas no tuvieron que fingir. Saltaban alegremente una alrededor de la otra cada vez que salíamos del coche y caminábamos hacia espacios de ficción.» Nos confiesa Justine.
Sus fotos nos llevan a mundos en los que la libertad no se negocia, incluso, si están exentos de esperanza.