En noviembre de 1986, menos de tres meses después de la explosión de Chernóbil, McMillan visitó por primera vez Ucrania. "Quería seguir tomando fotos para lograr las mejores imágenes posibles y, de tanto volver, terminé registrando el paso del tiempo", ha declarado el fotógrafo canadiense a Verne.
Desde 1994, David McMillan ha ido 22 veces a Chernóbil. Fascinado por los paisajes caóticos (sus 2 600 kilómetros impregnados de radioactividad), el fotógrafo ha capturado suficientes imágenes para elaborar un libro de arte bastante considerable, una oda al paisaje y los habitantes de las cercanías de la zona.
Chernóbil ha vuelto a la triste palestra de la actualidad gracias a la famosa y lograda serie de HBO. Pero existen personas comprometidas con un hecho histórico a lo largo de los años y así lo recuerdan sus trabajos, en este caso, sus fotografías.
McMillan exploró inicialmente las áreas evacuadas con pocas restricciones y en soledad, a excepción de un científico ocasional que controlaba los efectos de la radioactividad. El regreso año tras año le permitió volver a visitar los sitios de fotografías anteriores y así dar testimonio de las fuerzas inexorables de la naturaleza sobre las comunidades abandonadas.
"Mi impresión fue que podía evitar las áreas más contaminadas. Estaba con un guía/traductor que estaba familiarizado con la zona y podía aconsejarme cuando pasaba demasiado tiempo en un área ‘caliente’. Muchas de las personas que trabajan allí no tenían acceso a un contador Geiger, por lo que, hasta cierto punto, era solo una estimación. Arrendé uno para llevar conmigo en mi segunda visita”, recuerda David.
Respecto a si se puede hablar y aprenciar la belleza en estas condiciones el artista responde: "es un asunto que los artistas planteamos a menudo. ¿Acaso no hay belleza literaria en Guerra y Paz de Tolstoi aunque retrate un infierno? Los cuadros de Velázquez son pura belleza, pero muchos de los asuntos que muestra en ellos no son agradables".
David McMillan: Web











