La noche del 4 de agosto de 1962, Norma Jeane Mortenson Baker cerró la puerta de su habitación. Habló por teléfono. Después, el silencio. Alrededor de la medianoche, Marilyn Monroe murió.
Tenía apenas treinta y seis años. Con ella desaparecía una de las mujeres más fotografiadas de la historia, pero también una de las más incomprendidas.

Años antes, en 1953, una noche de insomnio volvió a revelar la fragilidad que se escondía detrás del mito. Incapaz de dormir, Marilyn llamó a André de Dienes, el fotógrafo que había acompañado sus primeros pasos frente a la cámara y que conocía a la joven mucho antes de que el mundo conociera a la estrella.
De Dienes acudió a su encuentro. Fue ella quien sugirió salir a fotografiarse en alguna de las calles oscuras de Beverly Hills. No había flashes, ni focos, ni el artificio habitual de Hollywood. Solo la noche, el silencio y la luz de un automóvil iluminando suavemente su rostro.

Aquella sesión, cargada de una melancolía casi palpable, mostró una faceta de Marilyn que rara vez se dejaba ver. «Estaba sola, infeliz, al borde de la desesperación», recordaría años después el fotógrafo. Frente a su cámara ya no aparecía el icono luminoso que conquistaba portadas, sino una mujer vulnerable, agotada por sus propias sombras.
Aunque ambos mantuvieron el contacto hasta la muerte de Marilyn en 1962, aquella noche en Beverly Hills fue la última vez que André de Dienes la fotografió.

Nacido en Transilvania en 1913, De Dienes abandonó su hogar siendo apenas un adolescente. Recorrió Europa a pie hasta llegar a Túnez, donde compró su primera cámara, una Retina de 35 mm.
Más tarde se instaló en París para estudiar arte y comenzó una carrera que lo llevaría de la fotografía periodística a la moda.
Trabajó para publicaciones como Vogue y Life antes de trasladarse a California, donde desarrolló una mirada profundamente personal centrada en el retrato, el desnudo y el paisaje.

Las miles de fotografías que realizó de Marilyn Monroe constituyen hoy mucho más que un archivo visual. Son el testimonio de una transformación: la de una joven que soñaba con abrirse camino en el mundo del espectáculo y que acabaría convertida en leyenda.
A través de su lente asistimos al nacimiento del mito, pero también a los instantes de duda, soledad y vulnerabilidad que permanecieron ocultos tras la sonrisa más célebre de Hollywood.











