Santiago Ramón y Cajal, el artista que dibujó los secretos del cerebro

Antes que por la medicina, el padre de la neurociencia moderna se interesó por la pintura, y el modelo de célula nerviosa que se sigue estudiando en la actualidad es el que en esencia el Nobel español Ramón y Cajal presentó hace unos 125 años.

Muchos científicos describen la influencia que el premio Nobel español Ramón y Cajal tuvo para la neurociencia como equiparable a la que Einstein tuvo para la física o Darwin para la biología.

 

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Antes que por la medicina, Santiago Ramón y Cajal se interesó por la fotografía y la pintura.
 

 

En la actualidad, hay microscopios tan poderosos que pueden tomar una fotografía del espacio que hay entre las células cerebrales, el cual es miles de veces más pequeño que el ancho de un cabello humano. Incluso pueden revelar los diminutos sacos que tienen pepitas de información más minúsculas que cruzan ese hueco para formar recuerdos. En imágenes instantáneas y coloridas hechas posibles por un imán gigante, podemos ver la actividad de cerca de 100 mil millones de células cerebrales que se comunican.

Décadas antes de que existiera esta tecnología, un hombre que se encorvaba sobre un microscopio en España a principios del siglo XX estaba elaborando hipótesis proféticas acerca de cómo funciona el cerebro. En ese entonces, William James todavía estaba desarrollando la psicología como una ciencia y sir Charles Scott Sherrington estaba definiendo nuestro sistema nervioso integral.

Se trata de Santiago Ramón y Cajal, un artista, fotógrafo, doctor, fisicoculturista, científico, jugador de ajedrez y editor. También fue el padre de la neurociencia moderna.

 

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Autoretrato de Ramón y Cajal en su laboratorio de Valencia, en España, hacia 1885. Foto cortesía del Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC

 

“Es uno de esos tipos que fue decididamente tan influyente como Pasteur o Darwin en el siglo XIX”, dijo Larry Swanson, un neurobiólogo de la Universidad de Carolina del Sur que ha contribuido al libro The Beautiful Brain: The Drawings of Santiago Ramón y Cajal. “Es más difícil de explicar para el público en general, lo cual quizá es la causa de que no sea tan famoso”.

El mes pasado, el Museo de Arte Weisman en Mineápolis abrió una exposición itinerante que es la primera dedicada exclusivamente al trabajo de Ramón y Cajal. Hará paradas en diversas ciudades norteamericanas, hasta abril de 2019.

Ramón y Cajal comenzó su trabajo a partir de un interés en las artes visuales y la fotografía: incluso inventó un método para hacer fotos a color. Sin embargo, su padre lo forzó a ingresar a la escuela de medicina. Sin sus antecedentes artísticos, quizá su trabajo no habría tenido tanto impacto, afirma el Dr. Swanson.

 

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“Es bastante raro que un científico sea un verdadero artista al mismo tiempo y que ilustre todo su trabajo de manera brillante”, dijo el Dr. Swanson. “Parece haber un resurgimiento real del interés por la interacción entre la ciencia y el arte, y creo que Ramón y Cajal puede ser un icono en ese terreno”.


La vida de Ramón y Cajal cambió en Madrid en 1887, cuando otro científico español le mostró la tinción de Golgi, una reacción química que coloreaba células cerebrales aleatorias. Este método, desarrollado por el científico italiano Camillo Golgi, permitía ver los detalles de una neurona completa sin la interferencia de sus vecinas. Ramón y Cajal refinó la técnica de Golgi y, con los detalles obtenidos de las imágenes más nítidas, revolucionó la neurociencia.

 

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En 1906 él y Golgi compartieron el Premio Nobel. Antes de ello, Ramón y Cajal escribió su doctrina de la neurona: la teoría de que las neuronas eran células cerebrales individuales, lo cual hizo que se diera cuenta de cómo estas células cerebrales individuales envían y reciben información; eso constituye la base de la neurociencia moderna.

La teoría de Ramón y Cajal describía cómo fluía la información por el cerebro. Las neuronas eran unidades individuales que se comunicaban unas con otras de manera direccional a través del espacio entre ellas, al mandar información desde unos largos apéndices llamados axones hacia las dendritas ramificadas.

No podía ver los huecos entre neuronas en su microscopio, pero los llamó sinapsis, y dijo que si pensamos, aprendemos y creamos recuerdos en el cerebro, entonces ese espacio pequeñísimo era muy probablemente la ubicación del lugar donde lo hacemos. Esto desafió la creencia de ese entonces de que la información se dispersaba en todas direcciones sobre una red neuronal.

 

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Este precioso dibujo de una célula de Purkinje ilustra la portada del libro "The beautiful brain, los dibujos de Santiago Ramón y Cajal".

 

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La aceptación de la teoría fue posible gracias al refinamiento que hizo Ramón y Cajal de la tinción de Golgi y la persistencia con la que compartió sus ideas con otros. En 1889, Ramón y Cajal llevó sus láminas y diapositivas a un congreso científico en Alemania. “Monta el microscopio con el portaobjetos y empuja a los grandes científicos de entonces para que vean, diciéndoles: ‘Miren, vean lo que puedo observar’”, dijo Janet Dubinsky, neurocientífica de la Universidad de Minnesota y quien escribió un capítulo de The Beautiful Brain. “¿Ahora ya creen que lo que digo acerca de que las neuronas son células individuales es cierto?”.

Unos cuantos dibujos suyos tienen características que se asemejan al trabajo de otros artistas. En algunos, parece que Vincent van Gogh ejerció influencia. En el dibujo de las células gliales en la corteza cerebral de un hombre con parálisis, los tres núcleos (o nucléolos) en la esquina superior izquierda se parecen a El grito, de Edvard Munch.

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The Beautiful Brain: The Drawings of Santiago Ramón y Cajal: website
Por Joanna Klein via New York Times

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