Francis Bacon: el pintor más oscuro del alma humana

“El hombre que pinta esas fotos horribles”, dijo de su obra la ex Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Francis Bacon, el pintor irlandés y uno de los más trascendentes del siglo XX, no es un artista de medianías: se le ama o se le rechaza, porque su trabajo fue -y es- una inmersión hacia el lado más oscuro y retorcido del alma humana, con rostros, cuerpos y figuras desmembradas, mutiladas y expuestas desde distintos ángulos.

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Francis Bacon fotografiado por Richard Avedon. Paris, 1979

 

Uno de los favoritos del circuito de subastas de arte, Bacon rompió en 2014 el récord histórico de una subasta pública de arte con su Tríptico de 1969 (abajo) que le dedicó a su amigo pintor Lucien Freud, se convirtió en la más alta venta en subasta, con 142 millones de dólares transados en una puja de la casa Christie’s en Nueva York.

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La alta cotización de Bacon en los mercados del arte se produjo a renglón seguido de su muerte, ocurrida en 1992. Tras una vida muy difícil y tormentosa, donde incluso la primera parte de su obra, realizada antes de la II Guerra Mundial fue destruida por él mismo, Bacon comenzó a ser valorado por su obra ya en una edad adulta, cuando situó la figura humana como el eje de sus preocupaciones formales, en una forma de romper con la figuratividad clásica, que fue llamada justamente Nueva figuración.

La forma en que Bacon retrató al cuerpo humano se origina en el trauma que le ocasionó la guerra y las consecuencias psicológicas de esta, además de su propia interioridad: fue expulsado de su casa a los 16 años al manifestar su homosexualidad y tendía fuertemente hacia la autodestrucción. Sus primeros éxitos datan de 1944, cuando realiza el tríptico Tres estudios de figuras junto a una crucifixión, considerada una de las obras clave de la pintura contemporánea. Justamente nace con esta obra su predilección por el tríptico, formato que le dio un sello personal y donde se acerca al motivo desde distintos ángulos pero siempre manteniendo la unidad de la obra, generando una sensación de ambiguedad sobre el objeto, en especial en los retratos.

 

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En 1949 comienza su serie de versiones sobre el Retrato de Inocencio X de Velázquez (arriba), un momento clave en su obra y donde se reúnen las ideas pictóricas sobre la angustia y la expresión atormentada de sus personajes que luego desarrollaría con profusión, como el gusto de presentar los rostros de manera borrosa, a la manera de una pesadilla. Influenciado por el noruego Edvard Munch, es en las décadas del 50′ y 60′ que Bacon logra repercusión en los círculos del arte, siendo adquiridas por importantes museos.

Otro momento clave en su carrera fue el encuentro con George Dyer en 1964, a quien sorprendió robando en su taller y que luego se transformaría en su amante, en una relación tormentosa que le provocó una estimulación creativa notable, con gran cantidad de pinturas, entre ellas varios retratos de Dyer. Este terminó suicidándose con barbitúricos en 1971.

La cotización de Francis Bacon en subastas ha tenido hitos como la venta de Triptych 1976, que fue subastada en el 2012 en 86,2 millones de dólares y adquirida por el ruso Roman Abramovich. Anteriormente su récord fue en 2998, cuando 2008, cuando Sotheby’s vendió otro de sus trípticos por 55,3 millones de dólares. También el artista Damien Hirst compró una obra de Bacon, Crucifixión, en 33 millones de dólares, y por el mismo precio fue subastado el Retrato de Henrietta Moraes (1963).

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Justamente, Hirst fue quien definió el lugar de Francis Bacon en el arte contemporáneo: “Bacon es el mejor. Tiene los huevos para joder en el infierno. Es el último bastión de la pintura. Antes de Bacon, la pintura parece muerta, totalmente muerta”, dijo.

 

Sabed todos que hay una muy recomendable exposición, sobre el genial artista irlandés, en el Guggenheim de Bilbao:

FRANCIS BACON: DE PICASSO A VELÁZQUEZ

Museo Guggenheim, Bilbao.  Hasta el 08 de enero de 2017

 

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via guggenheim / francis bacon

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