La historia de Elizabeth Siddal: musa, pintora y fantasma

Más allá de su trágica historia, la obra de Elizabeth Siddal merece un lugar en el panteón prerrafaelita.

Por Aleph 

Elizabeth Siddal musa prerafaelita

Ophelia, Sir John Everett Millais, Bt 1851 - 1952

 


Después de una larga enfermedad y una casi igualmente larga adicción al láudano, Elizabeth Siddal murió en 1862, 1 año después de que diera a luz a una niña muerta. La leyenda cuenta que a menudo se la veía meciendo en brazos al fantasma de su hija. Su esposo, el poeta y pintor Dante Gabriel Rossetti, enterró junto con ella el único manuscrito de sus poemas y pintó en su honor su retrato como Beata Beatrix.

Siddal fue la musa prerrafaelita por excelencia. Desde que la descubriera el artista Walter Deverell, cuando trabajaba en una tienda de sombreros con sus largo cabello rojo y sus enormes ojos, se convirtió en modelo de este grupo de pintores ingleses. Posó, entre otros, para Hunt, Millais, y pronto se hizo amante de Rossetti.

 

Elizabeth Siddal musa prerafaelita 2

Sancta Lilias, Dante Gabriel Rossetti, 1874

 

Pero Elizabeth no fungió sólo como musa, pues también fue autora. Al igual que Rossetti, pintaba y escribía. El crítico de arte John Ruskin la becó para que estudiara dibujo. En varios dibujos de Rossetti la vemos frente al caballete. Al igual que el resto de los prerrafaelitas, pintaba a menudo temas medievales y también escribía poemas que fueron publicados después de su muerte. Son poemas tristes, donde se habla de la inconstancia y fracaso del amor: “If the merest dream of love were true/ Then, sweet, we should be in heaven,/ And this is only earth, my dear,/ Where true love is not given” (“Si al menos el sueño del amor fuera cierto, entonces, querido, estaríamos en el cielo, y ésta es sólo la tierra, donde no existe el verdadero amor”). En varios de ellos ruega al cielo por su muerte y la anticipa: “Then sit down meekly at my side/ And watch my young life flee” (“Entonces siéntate dócilmente a mi lado y observa cómo huye mi corta vida”).

Años después de su muerte, Rossetti se arrepintió de su arrebato y decidió desenterrar los poemas de la tumba de Siddal. La leyenda cuenta que, cuando abrió la tumba, Elizabeth estaba más hermosa que nunca, y que su cabello había crecido llenando por completo el ataúd. Después de esto, Rossetti dijo haber visto más de una vez el fantasma de Elizabeth, acosándolo, quizás indignada por la profanación de su tumba y ofendida por la traición amorosa.

El cuadro más famoso para el que posó Siddal es la Ophelia de Millais. El personaje shakesperiano se confunde con Siddal en su locura, su belleza y su trágica muerte. Para pintarlo, Siddal tuvo que posar en invierno, en una tina, durante horas. Debajo había unas lámparas que calentaban el agua, pero que en cierto momento se apagaron y Siddal, sin quejarse, se fue enfriando poco a poco y se enfermó. Parte del impacto del cuadro es esta combinación tan perturbadora entre la belleza y la muerte. Quizás parte del realismo se deba a que la modelo casi muere de hipotermia.

Elizabeth es la leyenda de un fantasma en más de un sentido. Representa todas las mujeres de su época, todas las artistas que pasaron a la historia casi invisibles, casi desaparecidas pero aún presentes, como fantasmas. La obra de Elizabeth, sus deslumbrantes pinturas, merecen más atención que su personaje. Este reconocimiento, quizás, haría descansar al fantasma.

 

Elizabeth Siddal musa prerafaelita 3

Proserpine, Dante Gabriel Rossetti, 1874

 

Elizabeth Siddal musa prerafaelita 4

Destiny, John William Waterhouse, 1900

 

Elizabeth Siddal musa prerafaelita 5

Lady Lilith, Dante Gabriel Rossetti, 1866 – 8

 

gracias a aleph

 

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