Rizomas #11: entrevista con la artista Lita Cabellut

Un año después de salir a la luz, Rizomas sigue a tope calderas, trabajando a base de bien para ofrecer contenido de calidad con conversaciones de categoría, como la que hemos tenido con Lita Cabellut, una de las artistas más cotizadas de la actualidad a nivel mundial.

RIZOMAS es un proyecto de Pedro José Mariblanca Corrales, historiador, filósofo, periodista y unas cuantas cosas más… Con un claro guiño a la filosofía de Gilles Deleuze y Felix Guattari –en la que la heterogeneidad, la diferencia, las multiplicidades, el encuentro, la ruptura y las líneas de fuga son las principales armas para escapar del mundo que vivimos y construir posibles en él–, éste ha sido concebido para conversar y aprender con las personalidades más importantes de la cultura, el saber, la ciencia y la técnica.

Pintora, escultora, fotógrafa, videoartista, poeta y performer, esta maga de la multidisciplinariedad juega un papel fundamental en el arte contemporáneo, y lo hace a través de su pasión por la vida, su interés por comprender y desgranar la historia, el presente y el ser humano, y sus ganas de experimentar constantemente con la materia y la forma. Con ustedes, Lita Cabellut.

*Puedes visitar su última exposición en curso, “Lita Cabellut. Vida desgarrando Arte”, comisariada por Eloy Martínez de la Pera, en la Fundación Bancaja de Valencia.

Lita Cabellut . Fotografía de Lluc Queralt.
Lita Cabellut . Fotografía de Lluc Queralt.

¿Cómo, cuándo, por qué y para qué se adentra Lita Cabellut en el mundo del arte?

Si te digo que, hasta el día de hoy, no lo sé… Tiene un nombre, tiene un nombre, pero la dislexia no me permite recordarlo nunca… Cuando estás delante de algo muy bello, cuando te deslumbras con un paisaje, con una obra de arte… ¿Cómo se llama?

¿Magia?

Exacto. Esto me pasó cuando entré por primera vez al Museo del Prado, en una época en la que era bastante ignorante, debido a que no había ido nunca a la escuela y no sabía leer ni escribir, aunque me importaba tres pepinos, pues, para mí, eso de aprender a leer y a escribir tan tarde fue más una ventaja que un inconveniente, porque mis días estaban ocupados en sentir y en hacer lo que necesitaba y lo que más me gustaba en aquella época, algo que ha de experimentar cualquier artista, en tanto en cuanto el arte también tiene que ser una especie de juego con el que te lo tienes que pasar bien y ser feliz haciendo lo que haces en el lugar en el que lo haces, ya que, de lo contrario, sería insoportable –piensa en la soledad del artista, de cualquier tipo, el bailarín con un espejo, el guitarrista en un cuartito con su guitarra, el cineasta frente a una hoja en blanco y el artista plástico en su taller, todos encerrados en un espacio, y si no pudiéramos hacer de ese espacio un parque de juegos, ya te digo, sería insoportable–.

Entonces, yo creo que, a mí, mis primeros años, al no tener una educación como la de la mayoría de los niños, me permitieron educarme intuitivamente, algo que hasta le agradezco a la vida que me tocó vivir, porque aprender a leer y a escribir, con un poquito de cabeza, aprendes rapidísimo, y nunca es tarde para hacerlo cuando eres joven. Pero, imagínate, yo entro en el Museo del Prado y me encuentro con un mundo dentro de muchos mundos. Es decir, me encuentro con la posibilidad de crear yo misma mis propios mundos. Esas tres mujeres desnudas [se refiere a Las tres Gracias de Rubens], riéndose y disfrutando; esa alegría, ese compromiso y esa intimidad que tenían las unas con las otras, esa felicidad y esa libertad… Y recuerdo que pensé: “yo puedo transformar todas mis experiencias, todos mis recuerdos y todas mis ideas como yo quiera”. Y fue una revelación de libertad porque descubrí que podía desaparecer y crear mis mundos. Y hasta el día de hoy, lo que más me gusta es desaparecer.

¿Qué es para ti el arte? ¿Para qué sirve?

Partiendo de mi experiencia personal, porque solamente podemos hablar de lo que realmente somos capaces de defender, creer y compartir, el arte es mi vida, mi medio de comunicación… El arte, para mí, es la ética, lo que nos distingue de la brutalidad. Un elefante no sabe pintar, no sabe hacer esculturas, no sabe bailar. O sea, lo que nos distingue del reino animal, con el que tenemos muchas cosas en común –muchísimas, no lo olvidemos–, es la percepción del arte –cómo lo sentimos y cómo nos puede transformar–. Entonces, el arte es filosofía, humanismo, caridad, hasta repugnancia, porque el arte puede ser repugnante, ya que hay veces que toca unas cosas tan profundas que hasta nos da miedo –porque nos descomponemos ante ellas–.

El arte, sobre todo, cura y, como la cura, a veces, duele. Puede ser doloroso, muy doloroso. Lo hemos visto con los grandes maestros, que tienen cuadros que no veas cómo duelen cuando estás delante de ellos. Por ejemplo, delante de un Rothko, yo he visto la soledad, la incertidumbre, el desgarramiento y la desilusión sobre la humanidad que él vivía. Y me duele Francis Bacon, con las cárceles humanas que pintaba. Y los retratos de Lucian Freud, que no tiene cuadros que sean bonitos porque esos latigazos de sus pinceladas contra la carne frágil, que la maltratan… eso duele. Por eso, para poder curar, el arte hace que reaccionemos ante el dolor. Y por eso a mí me interesa tanto la oscuridad, por su relación con el dolor; no es que la oscuridad me interese más que la luz, no es que el dolor me interesa más que el bienestar; es que todo eso va junto y tenemos que dejar de separar las cosas porque eso es amputar la vida.

Retrato niña. Onoquiles 2. Oleo sobre lienzo. 130 x 100 cm. Cortesía Opera Gallery.
Retrato niña. Onoquiles 2. Oleo sobre lienzo. 130 x 100 cm. Cortesía Opera Gallery.

¿Cuáles son las funciones de cualquier artista?

La única obligación del artista es ser verdadero. Solamente se puede hacer arte –y cualquier disciplina– si se hace de verdad. De lo contrario, estamos ante formas, metodologías y técnicas que han sido prestadas por otros. Las personas que se distinguen y destacan en la historia son siempre de verdad. Y la historia no perdona, la historia del arte es el juez más severo que ha existido. Puede haber artistas exitosos temporalmente, artistas con una gran proyección temporal, pero quienes pasan a la historia son los de verdad, quienes han vivido y han muerto por el arte, los que se han querido y se han maltratado por el arte, quienes han estado dispuestos a perderlo todo por el arte. ¿Por qué? Porque su verdad era lo único que tenían.

Los nadie, la gente de la calle, la violencia, la violencia hacia las mujeres, las enfermedades mentales, la crueldad, la sordidez, la angustia, la búsqueda obsesiva de la belleza, el ser humano y su cuerpo, la realidad… Los tiempos que corren son el motor de tu obra. ¿A qué se debe? ¿Qué buscas con ello?

Creo que se debe a mi obsesión por entender muchísimas cosas que he vivido y a mi obsesión por digerir toda la verdad que he visto. Y también es una forma de ser solidaria con aquello y aquellos que he dejado atrás. Todo es una combinación. Para mí, es impensable vivir en el mundo sin poder ver a quienes no tienen voz, a quienes están en la calle y son ignorados, a quienes son encerrados en centros psiquiátricos sin ninguna perspectiva de mejora –porque no se les ayuda como se les debe ayudar–, sin ninguna atención y sin ninguna atención real, a quienes están ahí sin que nadie se preocupe por ellos…En mi carrera, desde el principio, decidí que pintaría al ser humano. Porque, para mí, es una especie de autorretrato, una forma de mirarme en el espejo, pues todo cuanto le ocurre al resto, también me ocurre a mí. Estamos todos conectados y somos consecuencia de todo cuanto hay a nuestro alrededor. Si sales a la calle y vives en un barrio precioso, con árboles en flor y la gente te saluda, eso te va a influir todo el día. Pero si sales a la calle en las Tres Mil Viviendas, eso también te va a influir. Por ende, lo que importa no es solo tu personalidad o tu capacidad de reaccionar ante la vida porque todo influye, y porque estamos hechos de todo cuanto hay a nuestro alrededor. Es que, los unos y los otros, somos espejos y reflejos, y el no preocuparnos por lo que nos rodea, por las enfermedades, por aquellos que necesitan ayuda es también una manera de dejarnos a nosotros mismos.

¿Por qué el hiperrealismo y, generalmente, la oscuridad?

Con respecto a la oscuridad, esta cuenta con muchos negros y muchos tonos. Por ejemplo, en relación a mi trabajo sobre Goya y Los Disparates, si te fijas, en su obra puedes distinguir diecisiete negros; y ocurre lo mismo con el blanco, del cual se pueden distinguir hasta quince. Así es mi búsqueda en la oscuridad, que es muy diversa y tiene diferentes prismas de color. En cuanto al hiperrealismo, para representar la realidad, lo que hago es meterme en ella. No lo he dicho nunca, pero durante los últimos tres meses de mi trabajo con Goya, tuve que recurrir, por primera vez en mi vida, a antidepresivos, porque es muy duro. Recuerdo que cuando estaba pintando el Caballo raptor, que hace referencia a una violación, estaba pintando la cara de la mujer que aparece en el cuadro, y yo quería sentir ese momento: cómo te sientes cuando te escupen, cuando te lo han robado todo, tu dignidad, tu ser, todo; y recuerdo cómo me puse a llorar, porque fue como si me hubiese pasado a mí, y ahí es cuando logré terminar el cuadro. Y cuando terminé la serie, dos meses antes de la inauguración de la exposición, pedí ayuda a una colega psiquiatra porque pasé por algo tan negro y tan brutal, algo tan parecido a lo que estamos viviendo en este momento de la historia, que necesitaba ayuda, pues lo que estaba pintando era algo que está pasando hoy día, y, tras terminar aquello, tenía que volver a la vida normal… Esa es mi manera de hacer arte, Pedro.

Imagen blanco y negro. Disparate 10. Goya por Lita Cabellut. El caballo raptor. Oleo sobre lienzo. 200 x 250 cm.
Imagen blanco y negro. Disparate 10. Goya por Lita Cabellut. El caballo raptor. Oleo sobre lienzo. 200 x 250 cm.

¿Cómo trabaja Lita Cabellut? ¿Cómo se inspira? ¿Quién la inspira? Porque tu unión con Rembrandt, Goya, Freud, Bacon, Pollock o Tàpies es bien fuerte. ¿Cómo es el proceso de tus obras desde que irrumpen como ideas hasta que quedan finalmente materializadas?

Pues mira, nunca entro al estudio sin saber qué voy a hacer. Yo siempre trabajo por temas. Entonces, cuando termino una serie, me quedo vacía y tengo que encontrar un nuevo tema, sin forzarlo, tirándome así el tiempo que necesite, mirando a mi alrededor, leyendo noticias y libros, viendo fotografías, analizando temas sociales, examinando a la sociedad y buscando respuestas. Y, de repente, aparece un tema y, de ese tema, hago una pequeña historia, para mí, preguntándome quién va a contarla.

Hago como pequeñas obras de teatro y veo qué necesito, cuántos modelos necesito y qué tiene que representar cada uno; y tengo una agencia de anti-modelos, que no son modelos bellos, sino gente real, con problemas físicos, imperfecciones, etc. Entonces, mi equipo, que me conoce muy bien y sabe qué estoy buscando, según el personaje, me presenta un número de personas posibles, y de esas personas, voy seleccionando hasta quedarme con las que necesito. Otras veces, cuando no damos con las personas que necesito, hay que encontrarlas en la calle, y salgo a la calle en busca de ellas.

Una vez llegan los modelos, tenemos una sesión de fotos, en la que intervengo a cada uno, le cuento que voy a hacer y le digo que se tiene que fiar de mí, mostrándole que le voy a echar pintura encima, que le voy a pintar la cara, que lo voy a vestir con unas ropas, etc. Primero tengo una charla con ellos, porque es gente muy frágil, para que se sientan a gusto conmigo. Y tras la foto-sesión, que puede durar de cinco a ocho horas, con sus pausas, me tienen que entregar todo lo que estoy pidiendo. En realidad, son actores, y no lo son a la vez, porque están tan cerca de lo que quiero pintar que lo que realmente son es ellos mismos.

Lita trabajando en el estudio. Foto Eddy Wenting.
Lita trabajando en el estudio. Foto Eddy Wenting.

Normalmente, durante las dos primeras horas, no enseñan qué son al completo. Pero, después, empiezan a relajarse y empieza a salir su fragilidad. Es una sesión muy fuerte, como una especie de terapia, tras la cual acabamos llorando todos. Una amiga mía, que es psicoanalista y estuvo en una de estas sesiones, dijo: “lo que el modelo y tú conseguís en una sesión, no lo consigo yo en tres años”. Es alucinante. Y eso, esa parte perfórmica que ocurre en ese momento, es el alma de las piezas que van a salir después. Porque de ese proceso sale la verdad, tanto la de mi modelo como la mía.

Pintora, escultora, fotógrafa, videoartista, poeta y performer. ¿Cuáles son los motivos de tu multidisciplinaridad? ¿Cómo ha sido tu evolución al respecto?

Hace unos quince años, de repente, estaba en el estudio y le dije a mi equipo: “¿tiene alguien una máquina de filmación?” Una compañera me dijo que sí, que tenía una pequeñita que le regalaron sus padres, pero que era muy vieja y que no era gran cosa, y le pedí que la trajera. Vino con ella, pintamos el muro de negro, pusimos un espejo y nos pusimos a hacer un performance. Espontáneamente, hice una animación, un cortometraje, y ahí se quedó. Después hice una exposición en Londres, e hice un cortometraje más largo, de unos treinta minutos.

Yo siempre he estado haciendo cosas muy locas en el estudio, que no exponía, que no presentaba en las exposiciones, porque eran investigaciones mías. Hasta que, en un momento dado, me di cuenta de que tenía una necesidad muy grande de salirme del lienzo, que todo a mi alrededor era arte, que todo lo que era material podía ser aplicado en mi trabajo. Y entonces empecé a hacer esculturas, empecé a diseñar y a materializar los vestidos para mis modelos, hasta trabajé en la escenografía de una ópera en el Staatsoper de Múnich [la de Karl V, escrita por Ernst Krenek, en la que trabajó junto a Carlus Padrissa y La Fura dels Baus en 2019], una de las óperas más importantes del mundo. Y después, la familia Chaplin me pidió animaciones, algo en lo que tampoco había trabajado, pero con lo que también me atreví, porque yo lo veo todo conectado.

Escultura. Amor en una bolsa de papel. Técnica mixta sobre lienzo. 160 x 90 x 55 cm.
Escultura. Amor en una bolsa de papel. Técnica mixta sobre lienzo. 160 x 90 x 55 cm.

Hay veces que la gente que me ayuda en el estudio cree que me he vuelto loca porque lo guardo todo, y hay cosas que pueden ser consideradas desechos y que, sin embargo, para mí son obras de arte, material que se puede utilizar para hacer nuevas piezas, cosas que no quiero que se recojan y que pido se queden tal cual porque me pueden ayudar mucho a entender obras que no puedo terminar… Hasta en las paredes veo material que se puede usar y al que puedo aferrarme. Pero eh, no estoy cucu –si acaso, quien está cucu es quien no lo ve–. Y por eso no se tira nada, porque todo contiene magia, energía, amor, pasión, locura, delirio… y todos estos materiales son testigos de la verdad. Ningún espectador, ningún crítico de arte es conscientes de la verdad, ni siquiera yo, pero esos materiales sí.

Sedimentos y estratos de la verdad, ¿no?

Exacto, exacto.

Mujer y artista. ¿Te has encontrado con muchos obstáculos a la hora de mostrar tu trabajo?

No más que cualquier otro artista. Porque el mundo del arte es muy complicado, pues tienes el buen ojo, tienes el mal ojo, tienes la lengua dócil, tienes la lengua mala… Y todo eso hace que, de vez en cuando, la gente opine sin saber, sin ver ni conocer, algo muy propio del ser humano. Esta es una historia que se repite siempre. Lo único que tenemos que mantener ante todos estos obstáculos es la esencia, que no nos importen, que no nos influyan, que no contaminen esa verdad de la que te estoy hablando. El panorama es amplio y nadie tiene la verdad. La verdad está por sí sola, nadie la puede influir, ni tú, ni yo, ni los medios. ¿Por qué hay gente que actúa así?

¿Por la envidia y la rabia ante el hecho de que alguien triunfe?

El triunfo es relativo. Triunfar va ligado a una gran responsabilidad. Y el triunfo más grande que puede tener un artista es el que experimenta a solas en su estudio, cuando entra en trance y siente que ha hecho algo que no podrá hacer nunca más. Ese es el triunfo, saber que hay cosas que nunca volverán a repetirse, ese momento en el que dices: “joder, ¿esto lo he hecho yo?”. Eso es el triunfo, ahí están los momentos sublimes y el éxito. Y eso es algo que ocurre a solas, no está en ningún periódico, en ninguna radio, en ninguna televisión, en ninguna galería, en ningún sitio. Y si todos aquellos con mala lengua estuvieran más ocupados en vivir esos momentos, entenderían que en el arte no hay héroes, sino currantes, gente dedicada que, de vez en cuando, sorprende al resto con lo que hace. Porque el arte es así: viene, te sorprende, te giras y ya se ha ido, hasta el próximo encuentro, para el que has de seguir esforzándote, trabajando duro y muriéndote.

¿Por qué es importante que las mujeres escriban la historia y alcancen su verdadero lugar en ella?

Porque la humanidad nos debe ese derecho. Porque no podemos tener la boca tapada. Tenemos el derecho de hablar, de expresarnos, de estar, de ser y de ser visibles. No es que queramos que se nos reconozca, es que es un derecho. Lo que no puede ser es que el arte se haga femenino o masculino; esa idea es terrible, porque el arte está por encima del bien y del mal, por encima de las mujeres y de los hombres, de la oscuridad y la luz, del creyente y del no creyente. El arte es lo más sublime que tiene la humanidad. ¿Cómo se puede ignorar a una criatura de la humanidad como la mujer? Es animalismo.

Había un director de un museo –que no voy a nombrar porque no me gusta poner a la gente en mal lugar públicamente– que comentó en una de sus entrevistas que la mujer sí que había sido reconocida, porque mira todos los bordados maravillosos que se han conservado a lo largo de la historia. Y yo, a ese comentario, en otra entrevista, respondí que sí, que tenía razón, que eso era un testimonio de que la mujer, aun habiendo sido encarcelada y apabullada, siempre ha encontrado una forma para expresar su arte. Los bordados de muchas mujeres son las lágrimas de su represión.

¿Crees que las mujeres ocupan actualmente el lugar que les corresponde en el mundo? ¿Qué y cuánto queda por hacer?

Los pasos son muy cortitos, pero lo importante es que son pasos, que estamos dándolos, si bien no debemos olvidar que también se están dando pasos para atrás, eh, algunas veces muchos. El camino es largo, muy largo, y estamos consiguiendo cosas, pero también se están perdiendo muchas vidas en ese avance. El maltrato hacia la mujer está creciendo, lo cual es tremendo.

En el mundo del arte, estamos muy preocupados, casi de forma histérica, por darle visibilidad a la mujer, y mejor que sea así, pero esa visibilidad tiene que ser sólida, no una moda más, y hay que mantenerla, sin dejar que se esfume, que eche raíces y que eduque a la sociedad. Porque reconocernos lo que es nuestro no es un préstamo, es un derecho, y ahí es donde los pasos son más cortos, pues una cosa es reconocer y otra cosa es creérselo y hacerlo realidad de verdad. Hay que reconocer a las mujeres que no han tenido voz durante mucho tiempo, pero también hay que continuar apoyando a las nuevas. Esto no va de tiempos, cuotas o conveniencias, tiene que ser de verdad. En este sentido, queda muchísimo trabajo por hacer, porque la mujer está en peligro, y la tendencia de la humanidad, que también está en peligro, no es para nada halagüeña.

Actualmente entre las artistas más cotizadas del planeta, desde que empezaste hasta la actualidad, ¿cómo ha sido el viaje? ¿Qué te ha enseñado?

No cambiaría nada del viaje, ni siquiera mis más amargos momentos. El viaje ha sido y es un proceso, como mi evolución. Mi aprendizaje en el arte es como un lienzo que nunca se acaba. Todos mis cuadros y todas las cosas que han pasado por mis manos, por mi cabeza, por mi estómago, por mi garganta, por mis ojos… todo es el mismo lienzo, del cual no he salido desde que este estaba en blanco.

Yo veo el arte como si fuera una científica porque, cada vez, una cosa me lleva a otra, y conforme voy aprendiendo más y más, me voy dando cuenta de que no voy a tener los suficientes años para llegar ni siquiera a un cuarto del entendimiento de lo que es el proceso. Por eso me llevo de maravilla con los científicos, con quienes me puedo llevar hablando horas y horas. Porque, insisto, lo que más me interesa es el proceso y lo que voy encontrando en él. Es que no me imagino el resultado de mi carrera, ni puedo hacerlo. ¿Dónde estaré? ¿Qué es lo que haré? No tengo ni idea, pero tampoco me interesa. Lo que me importa es el hoy, el momento, el medio en el que me hallo, el material que tengo.

Por ende, todo este proceso de desarrollo es para mí un ejercicio de libertad, una liberación de esperar algo, pero de esperar algo de mí misma. Durante todos estos años, lo que me ha enseñado el arte es que todo cuanto he venido haciendo y todo lo que me preocupa ya estaba ahí desde el principio. Y lo único que he aprendido es a usar diferentes materiales, que solamente tienen vida por la verdad que tú les das, ya que la materia es insignificante. Es que no entiendo cómo he podido hacer todo cuanto he hecho, y eso es lo que tiene que ser el arte, que nos sorprenda, que se sitúe fuera de ti, que no seamos sus dueños, que no lo condicionemos. Pero lo que sí tengo claro es que hago lo que me da la gana, y cambio mi forma de hacer las cosas cuando lo considero necesario, sin importar si el cambio de registro funciona o no, porque hay otras fórmulas, y eso es lo que me muestra el material, que hay otros posibles.

La gente me dice: “pero, ¿por qué? ¿Qué hacemos con tus coleccionistas? ¿De qué vas a vivir si dejas de hacer lo que haces habitualmente y lo que funciona?” Y yo respondo: “pues ya veré, si no les gusta, que no compren, y si hay que comer patatas, se come patatas, que también me gustan mucho”. Mi vida es el arte y lo que no voy a hacer es evitarme a mí misma, porque, si no, me voy a morir de aburrimiento.

Lita Cabellut . Fotografía de Lluc Queralt.
Lita Cabellut . Fotografía de Lluc Queralt.

¿Qué queda de la Lita Cabellut que empezó a hacer arte? ¿Qué le queda por hacer?

Pues por hacer, sinceramente, no lo sé, porque yo me muevo por impulsos de emoción y de placer. No lo sé, pero siempre será arte, porque no sé hacer otra cosa. No le tengo miedo a lo que voy a hacer, ni a lo que voy a perder, ni temo dónde voy a estar o qué voy a ganar o no, no me importa. Mi vida es desgranar arte y estoy dispuesta a morirme y a perderlo todo por el arte. Porque no me pueden quitar lo más importante, que es la ilusión de crear, la cual me ha acompañado desde el principio. Estoy haciendo lo que creo que tengo que hacer y eso es lo que importa porque, al final del día, con buenas o malas críticas, eres tú quien ve y quien sabe lo que hace, qué compromiso has tenido contigo mismo y con la sociedad en la que crees y que defiendes.

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