Eros y Psique, la historia de amor más bonita de la mitología griega

Hoy os queremos contar una historia de amor, probablemente la más bonita de toda la mitología griega. Aquella que une a Psique (el alma) con Eros (el amor).

Por Ana Zugasti, de RZ100arte

 

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Eros y Psyche - Louis Jean François Lagrenée (antes de 1805)

 

Cuenta la leyenda que hace muchos años había un rey que tenía tres hijas. Las tres eran bellísimas pero la belleza de la menor, Psique, era sobrehumana. Hasta tal punto que de todas partes acudían a admirarla y comenzaban a adorarla como si de una reencarnación de la diosa Afrodita se tratase.

Os podéis figurar el ataque de celos de la diosa ante la belleza de Psique cuando se dio cuenta de que los hombres estaban abandonando sus altares para ir a adorar a una simple mortal. No se le ocurrió mejor idea que pedir a su hijo Eros que intercediese para poner fin a semejante ofensa.

La idea era que Eros, –al que más tarde, en la mitología romana, conoceremos como Cupido–  le lanzase una de sus flechas que la haría enamorarse del hombre más horrible y ruin que pudiese existir. Pero como os podéis figurar la historia le salió fatal a Afrodita. ¿Por qué? Vayamos poco a poco y veamos primero como era la vida de Psique.

A Psique la belleza no le había traído ninguna felicidad. Los hombres, como ya hemos comentado, le idolatraban de mil maneras, pero ninguno osaba pedir su mano y esto empezaba a preocupar a sus padres quienes ya habían casado a sus dos hermanas mayores.

Tal era la desesperación que intentando buscar la solución correcta no se les ocurrió mejor idea que consultar al Oráculo. Pero lejos de encontrar consuelo, lo que el Oráculo predijo fue que Psique se iba a casar en la cumbre de una montaña con un monstruo venido de otro mundo.

Como nadie osaba cuestionar las predicciones del Oráculo, Psique aceptó su destino y sus padres la llevaron hasta la cima de la montaña donde, llorando, la abandonaron. No os preocupéis que la historia a partir de aquí solo puede mejorar.

Allí se la encontró Céfiro, quien lejos de abandonarla a su suerte, la elevó por los aires y la depositó en un profundo valle sobre un lecho de verde césped. Psique, extenuada por tantas emociones, se quedó dormida y al despertar se encontró en medio del jardín de un maravilloso palacio de indescriptible lujo y belleza. Cuando penetró en el interior escuchó unas voces que le guiaban y le revelaron que el palacio le pertenecía  y que todos estaban allí para servirla.

El día fue transcurriendo de sorpresa en sorpresa y de maravilla en maravilla. Al atardecer, Psique sintió una presencia a su lado: era el esposo de quien había hablado el Oráculo; no le pareció tan monstruoso como temía. Su voz era suave y amable y le hacía sentirse muy bien estando a su lado. Pero en ningún momento mostró su rostro y le advirtió a Psique que, si lo veía, le perdería para siempre.

 

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Psique reanimada por el beso del amor. Escultura de Antonio Canova (1793)

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Psique recibiendo el primer beso de Cupido. Por François Gérard (1798)
 

 

Así fueron las cosas a lo largo de las siguientes semanas. Durante el día Psique permanecía sola en palacio y por la noche su marido se reunía con ella y eran muy felices. Pero un día Psique sintió añoranza de su familia y rogó a su esposo que le dejará ir a visitarlos. Tras muchas suplicas y pese a advertirle de todos los peligros que corría con su partida, su marido accedió y pidió a Céfiro que la llevase a la cumbre de la montaña donde la habían abandonado. Desde allí Psique caminó hasta su casa.

Todos la recibieron con gran alegría pero sus hermanas, cuando la vieron tan feliz tras abrir los maravillosos regalos que les había traído, no pudieron contener la envidia y no pararon hasta que la pobre Psique les confesó que jamás había visto a su marido. Os podéis figurar que las maquiavélica y envidiosas hermanas no descansaron hasta convencer a Psique de la necesidad de descubrir quién era su marido.

Su plan era el siguiente, Psique debía ocultar una lámpara y durante la noche, mientras él dormía, prenderla para así ver su rostro.

Y así lo hizo. Psique volvió al palacio en el que vivía con Eros y siguiendo el plan de sus hermanas descubrió que su marido era un joven de gran belleza. Emocionada por el descubrimiento le tembló la mano que sostenía la lámpara, dejando caer una gota de aceite hirviendo sobre su amado. Al sentirse abrasado Eros –ese era el monstruo cruel que tenía por marido y al que se había refererido el Oráculo– despertó y, cumpliendo su amenaza, huyó en el acto para no volver jamás.

Sola y desamparada ,sin la protección de Eros, Psique se dedicó a errar por el mundo perseguida por la cólera de Afrodita que seguía indignada ante tanta belleza. Ninguna divinidad la quiso acoger y finalmente cayó en manos de la diosa, quien la encerró en su palacio y le atormentó de todas las maneras posibles. Hasta le hizo descender a los infiernos en busca de un frasco de agua de Juvencia que debía entregar sin abrir. La curiosidad pudo nuevamente con Psique y cuando abrió el frasco quedó sumida en un profundo sueño cual bella durmiente.

Mientras tanto, Eros sufría enormemente pues era incapaz de olvidar a Psique. Cuando supo que estaba sumida en un sueño mágico no lo pudo soportar más, voló hacia ella y la despertó de un flechazo; después subió al Olimpo para rogar a Zeus que le permitiese casarse con ella aunque fuese mortal. Zeus se compadeció de Eros y otorgó la inmortalidad a Psique haciéndole comer Ambrosía. Después  apaciguó la cólera de Afrodita y ordenó el casamiento de Eros y Psique, que duraría para siempre.

La boda de los dos enamorados se celebró en el Olimpo con gran regocijo.

Por Ana Zugasti

 

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