Fototipia, la delicada técnica de impresión que conserva la herencia cultural japonesa

A pesar de su antigüedad y su origen francés, la fototipia ha sido clave para preservar la gráfica japonesa.

 

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Entre otros títulos, la época en que vivimos ha sido bautizada como la “era digital”. A diferencia de periodos anteriores, desde hace 2 o 3 décadas muchas de nuestras acciones cotidianas tienen como intermediario un dispositivo con dicha característica. En un mundo así, ¿existe un lugar más allá de la memoria y el museo para tecnologías de antaño, que hoy podrían parecer obsoletas o rebasadas?

Una respuesta afirmativa a esta pregunta la encontramos en Japón, país que, paradójicamente, se distingue por su vanguardia tecnológica. En Kyoto, el taller de impresión Benrido lleva más de 100 años empleando una técnica conocida como fototipia para conservar la herencia gráfica de la cultura japonesa.

 

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La fototipia consiste en extender una gelatina sensible a la luz sobre un vidrio, la cual se expone al calor con un negativo fotográfico y tinta para que finalmente este se imprima al contacto con una lámina de papel.

El método fue inventado en Francia por Louis Alphonse Poitevin a mediados del siglo XIX, de ahí pasó a Alemania (en donde se perfeccionó) y casi de inmediato a Japón, durante el periodo Meiji. Por varias décadas la técnica gozó de popularidad y prestigio, sin embargo, conforme surgieron otros procedimientos menos costosos y más rápidos, su uso decayó hasta casi desaparecer.

Y esa, quizá, es la ventaja de la fototipia frente a las impresiones digitales o en offset. Como explica el maestro impresor Osamu Yamamoto en el video que compartimos, las técnica digitales son una suma de puntos de color, mientras que la fototipia permite que la tinta se adhiera en los relieves de la gelatina, lo cual ofrece una imagen con una textura visual enriquecida.

No parece casual entonces que una técnica tan cuidadosa haya encontrado tan buena recepción en Japón, en donde la ejecución de las artes gráficas ha requerido de un equilibrio entre esmero y creatividad, como si ambas, inesperadamente, estuvieran destinadas a encontrarse incluso en este momento de la historia.

 

Una historia de tinta y acero, por Fritz Schumann 2015:

 

Imagina ser el último en el mundo en continuar un oficio, una tarea.

Osamu Yamamoto trabaja para la empresa de impresión Benrido en Kyoto, Japón. Está a cargo del colotipo, una tecnología casi extinta hoy en día.

Él y su estudio están trabajando para la oficina del emperador japonés, haciendo copias y reimpresiones de pergaminos, pinturas y cartas, de muchos siglos de antigüedad. Preservan obras de arte y patrimonio cultural para las generaciones venideras.

 

via Aleph

 

 

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