Absentismo matrimonial: cada vez nos casamos menos

Absentismo matrimonial: cada vez nos casamos menos

El matrimonio es algo en desuso en la sociedad actual. No es porque no creamos en el amor, es porque hemos dejado de creer en los contratos indefinidos.

Y justo porque cada vez confiamos menos en lo que esa largo plazo, en las últimas décadas, hemos visto un aumento del absentismo matrimonial. Ya no entendemos las bodas como ese final feliz de cuento de hadas con moraleja.

Al menos en España, es una realidad que en el siglo XX casi todas las personas adultas pasaban por el altar o el juzgado porque hacerlo era considerado un paso natural hacia la madurez, algo que había que hacer. Sin embargo, en las últimas décadas, esa realidad ha cambiado de forma radical.

Fotograma de Novia a la fuga.

Por dar unos datos objetivos, por ejemplo, hace tres años se celebraron 172.430 matrimonios, lo que representa una caída del 3,7% respecto a justo el año anterior, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, y lo que es más notable, la tasa bruta de nupcialidad, que mide los matrimonios por cada 1.000 habitantes, se ha reducido a la mitad desde 1976. En 1975 se registraron más de 271.000 bodas; en 2022 apenas se alcanzaron 179.000.

Hoy en día, la mitad de los españoles y españolas no se casa nunca, mientras que hace medio siglo más del 90% pasaba por la vicaría.

Asimismo, el Observatorio Demográfico CEU destaca que la primonupcialidad, que es la proporción de personas que se casan por primera vez, también ha descendido de manera pronunciada.

Y eso no es todo, ya que la edad media al contraer matrimonio sigue aumentando: hoy las parejas españolas se casan en torno a los 38 años, una de las medias más altas de Europa. Este retraso puede reflejar dos cosas: el deseo de estabilidad económica para dar el paso y un cambio en la percepción del matrimonio como hito vital.

Otro factor a tener en cuenta es el hecho de que hay más rupturas y divorcios. Ya nadie aguanta a nadie como dirían nuestras madres y nuestros padres.

Desde mediados de los años 2000, más de la mitad de los matrimonios en España termina en divorcio. En 2024 se contabilizaron 86.595 disoluciones matrimoniales, un 8,2% más que el año anterior. El cociente entre rupturas y bodas ha superado el 60% en trece de los últimos dieciocho años.

La legislación ha acompañado este proceso. La Ley de Divorcio de 1981 abrió la puerta a la disolución legal del matrimonio, y las reformas de 2005 y 2015 introdujeron el divorcio exprés y notarial, eliminando la necesidad de alegar causas concretas. La facilidad para divorciarse, sumada a la normalización social del proceso, ha cambiado radicalmente la estabilidad conyugal en el país.

La causa de que esté pasando todo esto puede responder a cambios en nuestros patrones sociológicos y diversos factores estructurales, culturales y económicos.

Lucía Jiménez, sexóloga y experta en relaciones de pareja, asegura que el guion cultural parecía estar claro: terminas los estudios, tienes pareja, formalizas la relación, os vais a vivir juntos, y la llegada de los hijos es cuestión de tiempo. Parecía estar muy claro, tan solo unos pasos bien definidos que seguir. Sin embargo, en las últimas décadas el contexto económico y social se transforma.

Fotograma de Sex and the City.

Los alquileres se disparan, las parejas apenas sobreviven con sus sueldos, y como medida más pragmática que romántica, deciden irse a vivir juntos. Ni hablar de casarse o ampliar la familia, por lo menos hasta que la situación se estabilice.

Y así pueden pasar los años y que nunca llegue el momento adecuado para dar los siguientes pasos. Como consecuencia, el guion cultural está cambiando.

«La llamada edad para hacer ciertas cosas no hace más que aumentar, y mientras que nuestras abuelas a los 20 años tenían una relación estable y el inicio de una familia, ahora hasta los 30 o más, ni se plantea ni se espera», Lucía Jiménez.

Pero añade que no ha caído el matrimonio convencional ya que aquellas personas que cuentan con un nivel adquisitivo alto, mantienen estos mandatos sociales con más frecuencia.

La experta además hace hincapié en que lo que sí que explica que la mayoría de las personas opten por no casarse es que para muchas mujeres el matrimonio era de las únicas formas de ganar una independencia a la que, por sí mismas, no tenían acceso. Actualmente, el acceso al trabajo, a la vivienda, y en definitiva, a una vida independiente… influye en que el matrimonio se convierta en objetivo de la pareja y no tanto en un medio para la mujer,  sin el cual no podría desarrollarse como individuo.

«Las nuevas generaciones se enfrentan a construir sus propios futuros, sin guiones previos, aprendiendo nuevas formas de vivir la familia, el hogar, el arraigo y el desarrollo personal. Lo pasado ya no se adapta al presente, y el futuro es demasiado incierto. Y en ese panorama, quizás lo máximo a lo que puedes aspirar es a compartir una bonita convivencia en pareja, dejando la boda, si es que llega, para más adelante».

Para finalizar, los expertos y las expertas también hablan de una transformación en las formas de amar y convivir.

Las parejas continúan existiendo, pero se organizan de manera más diversa y flexible. El compromiso afectivo ya no necesita formalizarse ante un juez o un sacerdote para considerarse legítimo. Sin embargo, este cambio plantea desafíos. Especialmente en lo que se refiere al marco legal español, pues sigue girando en torno al matrimonio en cuestiones de herencia, pensión o fiscalidad, dejando en una situación de desprotección a muchas parejas no casadas.

Fotografía de Christian Agbede.

Además, se abren debates sobre cómo estos nuevos modelos influyen en la crianza, la estabilidad familiar y el bienestar emocional de los hijos.

Sea como fuere, lo cierto es que la tendencia es clara. Y si continúa, el matrimonio tradicional podría convertirse en una opción minoritaria en las próximas décadas. En ese contexto, el reto será adaptar las instituciones, las leyes y las políticas públicas a una realidad social que ya empieza a ser mayoritaria.

Gracias a The Objective.

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