Así funciona el cerebro de una persona optimista

Así funciona el cerebro de una persona optimista

Tirando de teorías reduccionistas, se podría afirmar que el mundo se divide en dos tipos de personas: los optimistas y los pesimistas. Es sólo una cuestión cerebral.

Hay quien tiene la suerte de ver el vaso siempre medio lleno; quien tiene la capacidad de hacer la lectura positiva de todo lo que le ocurre llevándose cualquier lección vital al lado correcto. Pero, ¿cómo lo hacen las personas que siempre se muestran optimistas?¿Tienen el secreto de la felicidad?

Fotografía de Ugglyricci.

La psicóloga Nerea Moreno hace hincapié en la importancia de ser optimista porque es una actitud que produce un impacto directo en la salud emocional y física.

En un reciente estudio de la Universidad de Kobe liderado por el psicólogo Kuniaki Yanagisawa demostró que los cerebros de las personas optimistas comparten patrones neuronales similares al imaginar el futuro, mientras que los pesimistas muestran una gran diversidad e individualidad en su forma de procesarlo. Desarrollemos esta afirmación.

Se considera que el optimismo es un rasgo de la personalidad que influye en la forma de ver el futuro. Se da una tendencia a priorizar los resultados positivos y restar importancia a los negativos. Muchos autores defienden que esta forma de interpretar la realidad y anticipar el futuro con expectativas positivas está influida por diversos aspectos.

Fotografía de Hope Caitlin.

Desde la genética y el temperamento que cada persona tiene al nacer, hasta las experiencias vitales y el entorno social en el que nos desarrollamos. Todo esto influye en el lenguaje que usamos en nuestro día a día. Algunos autores defienden que la forma en que hablamos puede moldear la forma en que interpretamos la realidad, así como también la forma en que recordamos y procesamos las experiencias pasadas.

Hay diversas publicaciones científicas que han demostrado que el optimismo no es beneficioso solo para la salud emocional, sino que también lo es para la salud física. Pero los beneficios no quedan únicamente en el ámbito individual, sino que se extienden a las relaciones y el rendimiento en el trabajo.

El equipo de investigadores liderado por Yanagisawa se propuso estudiar la forma en que el cerebro representa las diferencias individuales en los pensamientos relacionados con el futuro y de qué forma el optimismo podría modularlas.

Fotografía de Pari.

Para llevarlo a cabo, reunieron a 87 personas que cubrían todo el espectro desde el pesimismo hasta el optimismo. Les pidieron que imaginaran diferentes eventos futuros mientras llevaban a cabo escaneos cerebrales con la técnica de resonancia magnética funcional (fMRI).

Entre estos escenarios futuros que les planteaban, algunas tenían una valencia emocional positiva, mientras que otras eran neutras y negativas. Mientras los y las participantes imaginaban estas situaciones, el equipo de investigación observó especialmente la corteza prefrontal medial (MPFC), una área cerebral relacionada con la toma de decisiones, la motivación y la planificación del futuro, entre otras.

Se llegó a la conclusión de que las personas optimistas pensaban en sintonía.

El equipo de investigadores encontró resultados sorprendentes. Observaron que las personas optimistas tenían representaciones neuronales similares en el área observada (corteza prefrontal medial), mientras que las personas menos optimistas mostraron patrones de representación neuronal más diversos.

Fotografía de Vivaan Studio.

Además, dado que plantearon diversas situaciones (algunas en primera persona y en otras tenían que imaginar a seres queridos), se dieron cuenta de que el cerebro organiza cierta información clave por separado. Es decir, procesó quién está involucrado/a en el evento, por un lado, y qué tipo de emoción genera, por otro.

Los resultados del estudio señalaron también que las emociones que las personas sienten al imaginar algo que podría pasar en el futuro están ligadas, también, al hecho de ser optimista (o no). Las personas optimistas ven los eventos buenos de forma más clara y diferenciada en relación con los malos.

Esto quiere decir que las personas optimistas diferencian entre lo que es bueno y malo para ellas y, como consecuencia, no hacen una reinterpretación positiva de los acontecimientos negativos. Lo que sucede es que suelen procesar dichos acontecimientos negativos poniendo distancia a nivel psicológico para que el impacto emocional sea menor.

En ocasiones anteriores, se habían publicado ya estudios en los que se defendía la idea de que las personas optimistas tienden a tener redes sociales más amplias y a mostrar una mayor satisfacción con sus relaciones.

Fotografía de Driftmark Supply.

Tal y como hemos visto, los patrones que se producían a nivel cerebral entre las personas optimistas son muy similares. De ahí que podamos decir que los optimistas funcionan "en sintonía". Esta forma de funcionar tan similar podría ser una de las causas que explique por qué se relacionan mejor con otras personas con estas tendencias y su preferencia por rodearse de personas que viven y ven las situaciones y los contextos como ellas.

Parece ser que las personas que comparten ciertas actitudes similares ante la vida y, en este caso, hacia el futuro, comparten estas representaciones a nivel cerebral también. Como consecuencia, se sugiere que sería más fácil que se produjera una mayor conexión al sentirse comprendidos/as.

Ante estos resultados, se puede lanzar una cuestión: ¿se puede entrenar el cerebro para ser más optimista?

Aunque hay ciertos rasgos y cierta esencia que se trae de fábrica desde nuestro nacimiento, el cerebro tiene la habilidad de adaptarse y cambiar con el tiempo. La respuesta sería sí, es posible entrenar al cerebro para conseguir adoptar una actitud ante la vida más optimista.

La ciencia ha demostrado que prácticas como la visualización positiva, escribir un diario de gratitud y la meditación tienen efectos positivos. Además, aspectos como cambiar la forma en la que nos hablamos, establecer metas realistas y buscar apoyo en nuestro entorno también pueden ser de gran ayuda. Acabes o no siendo una persona optimista, todos estos consejos no pueden hacerte mal. Igual deberíamos empezar por ponerlos en práctica.

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