Recuerdo que en mi época de estudiante, cuando todavía no existían las plataformas en streaming, mi pasión era comprar CD´s y discos de vinilo; frecuentaba la tienda de unos particulares porque charlaba durante horas con ellos y me recomendaban música acorde a la que solía llevarme.
Aunque supongo que el objetivo principal era vender, me daba buena vibra que jugaran conmigo a eso de "si te gusta este grupo, te va a encantar este otro cantautor" siempre, eso sí, previa escucha; me gustaba que me pusieran un CD y me dejaran escuchar canciones mientras los tres nos mirábamos y asentíamos con la cabeza como aprobando lo que oíamos.

Allí compré mis CD´s de Coldplay, de Alanis Morissette, de Portishead, de Radiohead o de Skunk Anasie pero, un día por eso de mi personalidad dual y geminiana, me sorprendí en aquella tienda cogiendo de una estantería el "Stripped" de Christina Aguilera.
Tras varios minutos revoloteando por la tienda con el disco en la mano y pensando en una lista interminable de argumentos que podría dar para justificar mi elección de aquel día para así evitar miradas inquisitivas o comentarios jocosos, se me encendió la bombilla, la misma que normalmente tengo fundida.
Cuando llegué a la caja, entregué el CD y, en unos segundos tensos que se alargaron hasta la eternidad, pedí que me lo envolvieran para regalo; a partir de ahí todo fue mucho más relajado, volvió a fluir con la normalidad y la familiaridad de siempre.
Al salir de la tienda, tuve una sensación totalmente contraria; por un lado, me iba feliz con mi disco nuevo y con mi capacidad de resolución pero, por otro lado, una pregunta resonaba constantemente en mi cabeza ¿por qué tengo que sentirme culpable por tener ciertos placeres?

Desde entonces empecé a convivir con mis placeres culpables aunque me causasen ciertos dilemas. ¿Por qué seguía escuchando a Christina Aguilera o a Ariadna Grande en sesiones privadas de Spotify?¿Por qué en ciertos entornos decía que me gustaba el cine de Woody Allen pero no reconocía mi pasión por series como "Élite" o "Skam"?
¿Por qué prestaba mis libros de Murakami pero no los de Lucía Etxebarría?¿Por qué subía a Instagram mis desayunos con aguacate pero no mis cenas a base de pizza y patatas fritas?

¿Por qué seguir renegando de nosotros mismos? ¿A quién queremos impresionar?
No hay un amor más fiel que el que sentimos por nuestros placeres culpables; es algo que todos tenemos intrínseco y es algo de lo que no podemos huír; a lo que no podemos renunciar, porque no, no controlamos aquello que nos gusta y nos hace disfrutar, no controlamos lo que amamos y nadie debería sentirse culpable por ello.
¿Acaso no es el mundo una isla llena de tentaciones? Preguntadle a Mónica Naranjo.