Hay una verdad que es totalmente universal: la soledad, cuando no es deseada, es un mal endémico que afecta a miles de personas en los tiempos que vivimos.
Pero también es cierto que nuestro miedo a estar solos y solas viene dado por las connotaciones negativas que ha recibido el termino a lo largo de los siglos. Soledad puede ser sinónimo de derrota, de tristeza, de depresión o de marginalidad. Pero no siempre es así.
Si lo pensamos, por ejemplo hay personas que aguanta en relaciones tóxicas por el miedo a estar solos y porque acabar con ese vínculo se entiende personal y socialmente como un fracaso, cuando en realidad el verdadero fracaso es seguir manteniendo vivo algo que lleva años haciéndonos mal.

Muchas veces, estar solos o solas también implica parar a escucharnos con el terror que supone escuchar verdades de las que quizás no queremos ser conscientes.
Pero, en contraposición, la soledad puede ser muy enriquecedora y puede ser en un estado en el que al conectar con nuestra alma y nuestra esencia reforzamos aquello que nos hace brillar e identificamos aquello que nos bloquea o nos impide avanzar.
Meditar, pasear, leer, escuchar música y llevarnos bien con nuestros silencios en soledad pueden ser actividades totalmente reveladoras.
En una entrevista que se le hacía hace unas décadas a la pintora surrealista Maruja Mallo, a la pregunta que de dónde surgían sus ideas para crear, la artista decía lo siguiente:
«Mi mayor capital es la soledad porque me lo da todo. En la soledad yo estoy en comunicación con la Vía Láctea, con la astrología, con la astronomía, con la ciencia, con el arte, con el todo. Es un capital y yo creo que el hombre se mide por la soledad que aguanta porque no todos aguantan la soledad.
La soledad les parece el vacío y el miedo. Es el miedo que es el peor de los consejeros. Es no saber aguantarse a sí mismo».
Gracias a su tendencia a la soledad, Maruja Mallo se convirtió en una figura clave del surrealismo español y de la Generación del 27, destacando como una de las pocas mujeres en ese movimiento, aportando una visión única centrada en la mujer, la naturaleza, lo popular y lo social, y desafiando convenciones con su vida y un arte transgresor, lo que la convirtieron en un símbolo de empoderamiento femenino y de vanguardia artística en el siglo XX. Fue una precursora del Pop Art, según Andy Warhol.
Aunque no hay no hay una única obra considerada la más importante, ya que Maruja Mallo tuvo varias etapas cruciales, La verbena de 1927, la serie Máscaras de 1942 y Sorpresa del trigo de 1936 fueron reflejo de sus inicios vanguardistas y las muestras de un compromiso social en el que destacaron una visión única de la realidad, la identidad y la condición humana.
De su personalidad surrealista y enigmática destacamos su visión única de la realidad, la identidad y la condición humana.
Te dejamos con una breve contextualización sobre la artista.