Ilustración de María Hesse

La importancia de tener compasión de uno mismo

No se trata de tener un ego como un castillo o de creernos mejores que los demás, se trata de hablarnos, comprendernos, perdonarnos y juzgarnos bien, con compasión.

Hablarnos bien, reflexionar de manera constructiva sobre cosas que hacemos mal, celebrarnos ante un logro o tratar nuestra mente y nuestro cuerpo con respeto y afecto no son actos de egoísmo o de egocentrismo. Deberíamos practicar un autocuidado que nos permitiera tratarnos como merecemos

Ilustración de María Hesse.

Decía Boccaccio en el Decamerón que nada nos hace más humanos que sentir compasión por nuestros semejantes. De algún modo, tanto cultural como socialmente, se nos ha inculcado la idea de que esta dimensión va siempre de dentro a fuera. Bien es cierto que es necesario compadecernos de quien sufre y que experimentar dicho sentimiento nos hace más nobles. Sin embargo, hay un detalle igual de importante: la compasión también debe proyectarse hacia uno mismo.

Tener compasión por uno mismo es una clave de bienestar psicológico

Una cosa es quererse y otra quererse bien. No todos los amores propios son saludables, porque abundan los egos excesivos y esos autoconceptos que se posicionan en un narcisismo dañino en el que solo existe uno y nadie más.

Ir por el mundo con una autoestima deshilachada da paso a las sombras de las depresión y otros problemas psicológicos. Por otra parte, las personas incapaces de controlar un diálogo interno negativo, acusador y dañino, navegan siempre a la deriva de sufrimiento mental. Pierden oportunidades, caen en relaciones de pareja infelices y rara vez alcanzan la realización personal.

Tener compasión por uno mismo no es un acto de debilidad. 

¿Por qué debemos desarrollar un poco más la compasión hacia nosotros mismos?

Tener compasión por uno mismo es, por encima de todo, aceptar la imperfección del ser humano, es asumir que somos falibles, que cometemos errores y saber respondernos ante ellos con amabilidad y afecto. La necesidad de desarrollar esta competencia del bienestar es múltiple:

  • La Universidad de Duke (Estados Unidos) demostró que las personas que aplican la autocompasión en su día a día disponen de una buena inteligencia emocional y una satisfacción vital más plena.
  • Por otro lado, también se ha demostrado que la autocompasión se correlaciona con una menor incidencia de la depresión y la ansiedad.
  • Aquellas personas capaces de ser respetuosas y afectuosas consigo mismas en momentos complicados, dan forma a un dialogo interno que no juzga, que no critica y que nos permite aceptarnos tal y como somos.
  • Asimismo, también es interesante destacar que las personas que practican la autocompasión no caen en la preocupación excesiva o en las cavilaciones negativas que merman el bienestar psicológico.

Componentes de la autocompasión

La literatura e investigación sobre la autocompasión ha aumentado de manera exponencial en los últimos años. Habilitar a pacientes con depresión en la autocompasión mejoraría su avance y progresiva recuperación.

Estudios como el realizado en la Universidad de Zúrich, por ejemplo, hablan de la utilidad de incluirla en la terapia cognitiva-conductual. Es interesante a su vez, tener presentes esos elementos que dan forma y cuerpo al ejercicio de la autocompasión. Son los siguientes:

  • Ser capaces de hablarnos con bondad
  • Juzgarnos de manera positiva
  • Ser conscientes de que los seres humanos no somos perfectos
  • Saber nuestras necesidades
  • Entender que el sufrimiento, el error o la pérdida forman parte de la vida
  • Saber apreciarnos y querernos como merecemos.
  • La atención plena o el mindfulness nos permiten a su vez desarrollar con mayor eficacia esta dimensión

La compasión por uno mismo nos evita tener que depender de los demás

Tener compasión por uno mismo es apreciarnos de manera auténtica porque comprendemos cuánto valemos y cuánto merecemos. Supone a su vez ser tolerantes con nuestros errores y abrazar nuestras heridas internas para darnos aliento y seguir avanzando.

Asimismo, la autocompasión aumenta la independencia para validar las emociones, las necesidades y la autoestima. Cuando sabemos lo que merecemos, dejamos de ser dependientes absolutos de las atenciones ajenas y aunque las agradezcamos, ya no quedamos tan supeditados a nuestro entorno.

Para concluir, darnos permiso para ser imperfectos y seguir amándonos en cada situación y circunstancia es un ejercicio de salud que vale la pena practicar.

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