Todo lo que hay detrás de un «no me pasa nada»

Todo lo que hay detrás de un «no me pasa nada»

No es sólo una frase que a menudo decimos al resto, es una frase que a menudo nos repetimos a nosotros mismos.

Saber e identificar que nos pasa algo es un acto que puede conllevar un trabajo duro de introspección, pero si además damos el paso de contárselo a alguien, el esfuerzo se duplica.

Fotografía de Christophe Dutour.

Reprimir nuestros sentimientos puede generar distancia y malestar. Aprender a expresarlos es el primer paso para cuidar tu salud mental.

Por lo general, la frase «no me pasa nada» puede esconder tristeza, ansiedad, enfado, frustración o cansancio emocional. A veces, no estamos listos y listas para manifestar nuestros sentimientos o no sabemos cómo hacerlo, y preferimos utilizar estas palabras como un mecanismo de defensa o una manera indirecta de comunicar las emociones.

Expresarnos de esa forma no siempre es negativo, en ocasiones, lo hacemos para autorregularnos y buscar una mejor ocasión para hablar sobre lo que nos afecta. El problema surge cuando se convierte en un patrón constante de evitación emocional. Te explicamos cuáles pueden ser las causas detrás de esta expresión y cómo aprender a reconocer y decir lo que sientes.

Qué puede esconder «un no me pasa nada»

Hay varios motivos por los que una persona puede ocultar sus sentimientos. Primero, miedo a ser juzgada o que se le quiten importancia a su estado emocional. También es una forma de protección para no mostrar vulnerabilidad.

La falta de claridad interna es otra razón. Sucede que muchas personas no logran identificar con exactitud lo que sienten y prefieren callar. Además, piensan que si hablan podrían generar discusiones, entonces optan por reservar sus comentarios y no molestar.

Por otra parte, la cultura influye. La sociedad nos enseña que debemos aguantar o ser más fuertes, lo que nos lleva a ocultar emociones como el estrés o la tristeza.

Por qué tendemos a minimizar nuestros sentimientos y qué impacto tiene esto

La creencia de que debemos ser resistentes y no debemos quejarnos le resta importancia al malestar. La falta de educación sobre salud mental hace que muchas personas no sepan describir en palabras sus sentimientos.

Pensamos que compartir emociones es cargar a los demás, pero a veces es necesario desahogarse. La crianza también afecta. Si de niños invalidaron nuestras emociones, en la adultez es más fácil estar en silencio que decir lo que sentimos.

Reprimir de forma constante las emociones puede causar problemas de salud física, como dolores de cabeza, insomnio o tensión muscular. A nivel mental, favorece la acumulación de estrés y aumenta el riesgo de ansiedad, depresión y sensación de aislamiento.

Fotografía de Sasha Freemind.

No sientas miedo a la hora de reconocer y expresar tus emociones

Ocultar los sentimientos dificulta crear vínculos auténticos. Las relaciones cercanas se fortalecen cuando compartimos cómo estamos, incluso si piensas que puede ser incómodo. Te damos algunas estrategias para que puedas identificar y comunicar tus emociones:

  • Obsérvate: haz pausas de unos minutos para identificar emociones y relacionarlas con sensaciones físicas. Por ejemplo, un nudo en la garganta puede ser tristeza o ansiedad.
  • Nombra las emociones: esto te ayuda a reducir la intensidad del malestar; no hay nada de malo en decir que sentimos frustración o ansiedad, por ejemplo.
  • Valida lo que sientes: reconoce la tristeza, el miedo o el enfado. Esto no significa debilidad, sino que es parte de la experiencia humana.
  • Practica la comunicación asertiva: reemplaza el «no me pasa nada» por frases como «me siento abrumado y necesito un momento», o «estoy triste, aunque no sé muy bien por qué».
  • Busca apoyo: hablar con amigos, familiares o profesionales de la salud mental puede ayudarte a aliviar esa carga.

Gracias a la psicóloga Macarena Liliana Núñez.

Fotografía de portada de Geoffroy Hawen.

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