Todos tenemos un lado sensible (aunque algunos lo escondan muy bien)
Hay verdades universales que no se discuten. Que el sol sale por el este, que los lunes son el peor día y que todos tenemos un lado sensible.
Hay verdades universales que no se discuten. Que el sol sale por el este, que los lunes son el peor día y que todos tenemos un lado sensible.
La cerveza es uno de esos placeres que nos pueden llevar a cometer locuras con tal de degustarla como se merece. Para conseguirlo, hay que seguir minuciosamente un ritual casi sagrado.
Hay muchos tipos de amores; a personas, a animales, a objetos, a recuerdos y a lugares. Los bares son algunos de esos metros cuadrados por los que transcurre la vida a base de historias.
No hay celebración, por pequeña que sea, que no tenga como marco un bar, ese lugar de conexión imprescindible para nuestra manera de relacionarnos con los demás. Los bares son esos puntos neurálgicos que sostienen, en gran parte, nuestra manera de sentir y de vivir.
Nos jugamos el gaznate a que vayáis al lugar que vayáis, a la hora que estéis y en el país en el que os encontréis, siempre conoceréis a algún amante de la cerveza dispuesto o dispuesta a tomarse una caña, una pinta, un litro, un tercio o un quinto con vosotros.
Ir contracorriente no es fácil. ¿Acaso no hay que tener un par para vender humo? Si no tienes lo que hay que tener, deja de leer, hay cosas que son solo aptas para los audaces.
Creemos fervientemente que la solución está en educar en no arrojar basura y plástico al mar pero, hay conductas y malos hábitos que, hoy en día, parecen inevitables así que, a grandes males, grandes remedios.
Una cerveza con un viejo pedigrí ha sido desenterrada en Bélgica. Monjes de la abadía de Grimbergen han resucitado una famosa cerveza medieval. La cerveza de esta abadía ya había sido adoptada por compañías de producción masiva en los años 50 del siglo pasado, pero al redescubrir los ingredientes originales los monjes han lanzando una nueva versión más cercana al origen, que será comercializada y podría significarles un modo de existencia más holgado.
Sí amigos, me enamoré (y hasta las trancas) de una gallega.
Madrid. Podríamos decir, sin quitarle su fama a Nueva York, que es la ciudad que nunca duerme.