De Lynch a Kubrick: las peores películas de 15 directores de culto
Hasta el realizador más portentoso puede incluir una obra menor dentro de una filmografía, que hasta un momento concreto, parecía intachable.
Hasta el realizador más portentoso puede incluir una obra menor dentro de una filmografía, que hasta un momento concreto, parecía intachable.
Todos alguna vez hemos fantaseado con vivir en las casas de nuestras películas y series de ficción favoritas para por unos momentos poder ponernos en la piel de los personajes y experimentar cómo sería ser ellos.
Cualquier que lo desee, puede enviar una postal contando cómo han ido sus vacaciones con una estampa recién sacada de alguno de los filmes de Anderson.
Si hay algo que resulta realmente difícil para un director, es llegar al gran público siendo auténtico y fiel a una manera particular de entender el cine y de entender la vida.
Esta nueva película de Wes Anderson supone el regreso del director a la acción tras Isle of Dogs en 2018.
En esta avalancha de ficción que actualmente nos proporcionan las plataformas en streaming repletas de películas y series, muchas veces nos cuesta buscar y encontrar esa historia que nos llegue.
Dentro de cada casa, detrás de cada puerta y en los espacios que delimitan las paredes que protegen nuestra intimidad, se desarrollan microuniversos que gravitan a un ritmo diferente que el resto del mundo, las familias.
Todos somos, de alguna manera, buscadores de belleza. Si nos proponemos observar lo que nos rodea con las gafas de artistas como Wes Anderson, es posible que no haya vuelta atrás en nuestra manera de asomarnos al mundo.
Los universos de estos creadores son capaces de trascender sus propios territorios para llegar hasta los rincones más íntimos de nuestras casas.
Wes Anderson vuelve a ser fiel a su bestia creativa: vuelve a mostrar a parte del elenco, a la inspiración neoyorkina de los espacios y al uso de colores pasteles, propios de su mirada estética. Anderson es un ejemplo de cómo hacer "metacine" de autor por excelencia.