Dan igual los lugares maravillosos que hayamos conocido, los brazos cálidos que hayamos habitado o los besos en los que nos hayamos perdido, no existe ninguna sensación que pueda compararse con la de estar en casa.
En ocasiones, nuestra existencia está tan llena de dolor y de peligros que ponemos nuestra vulnerabilidad a prueba casi a diario. Es en momentos de desamparo cuando nuestra mente necesita viajar a sitios y personas que son casa para volver a sentir seguridad.
Buscar en nuestras anclas y en nuestras raíces esas sensaciones que un día nos hicieron crecer (literal y figuradamente), es un mecanismo constante de supervivencia y resistencia ante los golpes de la vida.
La artista multidisciplinar holandesa Lieke Romeijn captura en sus maravillosas fotografías en blanco y negro ese reconfortante sentimiento de estar en casa.
Y lo hace a través de hermosos y etéreos retratos en blanco y negro en los que el espectador es cómplice de los vínculos que se crean entre madres, hijos e hijas e incluso entre hermanos y hermanas, en esa etapa crucial que es la infancia.
La paz, la calma y la belleza que inundan las fotografías de Romeijn también fluye en todas sus creaciones, ya sea su vibrante arte culinario o sus dibujos hechos con pigmentos naturales.
«Incluso un mundo herido nos alimenta. Incluso un mundo herido nos sostiene, regalándonos momentos de asombro y alegría. Elijo la alegría sobre la desesperación. No porque tenga la cabeza enterrada, sino porque la alegría es lo que la tierra me da a diario y debo corresponder a ese regalo».
Lieke Romeijn
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