La La Land, un canto a la belleza, a los sueños y al amor

La La Land, un canto a la belleza, a los sueños y al amor

2 horas. 2 horas de amor sin excusas, de aceras llenas de sueños y de jazz, mucho jazz. Con esta premisa, ¿quién no se permite ser feliz durante 120 minutos de entrega generosa a la belleza? 

Emma stone y Ryan Gosling

La ciudad de las estrellas, de las de carne y hueso y de las que iluminan el firmamento y se contemplan con emoción desde el icónico observatorio Griffith de Los Ángeles. Este es el escenario para esta joya, porque nos ha parecido una obra llena de luz y magia. La magia que reivindican las historias clásicas, las que rebosan buen gusto y elegancia. 

No queremos desvelar nada, recomendamos ir al cine y dejarse llavar, como se deja llevar una pluma en medio de una tempestad, leve, exultantemente bella y sin ser consciente de que se eleva cada vez más y más hasta hacerse invisible. Daniel Chazelle, el director del musical, ya nos dejó el corazón encogido con Whiplash, otra joya (más discreta) que se alzó como un canto a lo que uno desea por encima de lo físicamente posible y con el jazz como epicentro de un tornado imparable de sueños y aspiraciones.

De La La Land nos quedamos con cada fotograma, con cada nota, con cada mirada, con cada paso de baile. Porque esta es una historia de amor sincera, sin excusas, una historia donde los dos protagonistas (ofensivamente bellos) se quieren, se quieren y se apoyan de verdad. Una historia en la que cada uno cree en el sueño del otro como una prolongación sincera del suyo propio. Y esto, en los tiempos que corren, es un regalo para el corazón.

Y brindemos, brindemos por los soñadores y por los sueños...

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