Sobre el dormir y los sueños en tiempos de pandemia, por el psiquiatra Mariano Hernández

El sueño es un reflejo de cómo estamos realmente. Es un océano casi sin explorar que se encarga de sacar del subsconciente nuestros sentimientos más ocultos, los que se encuentran en el fondo abisal de nuestro cerebro.

Hemos tenido la oportunidad de hablar con Mariano Hernández Monsalve, psiquiatra y psicoterapeuta, sobre cómo dormimos los españoles y acerca de cómo está afectando esta crisis sanitaria a nuestros hábitos de sueño. 

 

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Fotografía de Annie Spratt / Unplash

 

C.I ¿Cómo dormimos en general los españoles? ¿Hay diferencia entre los patrones de sueño por segmentos socialdemográficos?

Como sabéis, se ha generalizado en los últimos años la idea, de que los españoles somos unos seres noctámbulos, que nos apañamos con unas pocos horas de sueño.

A falta de estudios sistemáticos rigurosos, las estimaciones dicen que hay algo de verdad: un gusto por la noche, y cierta capacidad, adquirida a base de práctica, para privarnos de sueño antes que de la charla gustosa o el ambiente festivo…

Aunque todos sabemos también que en los últimos años va habiendo mayor tendencia a sincronizar con horarios europeos, la tendencia no se ha disipado del todo. Además de esta mayor tendencia a dormir más tarde y con menos horas de sueño nocturno, tenemos algunos otros factores diferenciales como son: 

  1. Alto consumo de psicofármacos para dormir, recurriendo a tranquilizantes (ansiolíticos), o a hipnóticos (inductores del sueño)
  2. Tendencia a recuperar horas de sueño los fines de semana
  3. Conservación de cierto apego a la siesta, como refugio y rescate de nuestras necesidades de sueño, aunque desafortunadamente está cada vez más cerca del tópico que de la realidad.

 

C.I. En cuanto a segmentos sociodemográficos, el gusto por la noche sigue prevaleciendo entre jóvenes y de forma más amortiguada entre los más añosos. 

Respecto al  consumo de tranquilizantes e hipnóticos. España es de los países europeos con consumo más alto, ya que cerca del 5% de la población los consume de forma habitual, pese a un leve descenso en los dos últimos dos años, en gran parte debido a la actitud de los médicos alentando a ese descenso y procurando estimular las llamadas medidas de higienes del sueño. Ese mayor consumo predomina en mujeres, viudos y divorciados, jubilados y desempleados.

A su vez, entre quienes más se quejan de insomnio y tienden a ese mayor consumo de psicofármacos, predominan quienes tiene sobrepeso u obesidad, dolor crónico, depresión y /o ansiedad. Con problemas cada vez mas detectados y que tienen relación directa con el insomnio debemos recordar el llamado “síndrome de piernas inquietas” y, sobre todo, el “síndrome de apnea del sueño”.

A su vez es frecuente que estas personas, con problemas de cantidad y calidad del sueño, refieran dificultades para realizar las actividades de la vida diaria y mantener un buen estado de ánimo. La ansiedad y la depresión pueden ser tanto origen como consecuencia del padecimiento del insomnio.

Conviene recordar que a medida que aumenta la edad disminuyen las horas de sueño diario, lo que a menudo es vivido como un problema . Y conviene recordar también la importancia del ejercicio físico durante el día, que mejora el sueño excepto si se efectúa poco antes de irse a la cama. Otros factores que pueden interfier con buen sueño son el consumo de tabaco, alcohol, cafeína u otros estimulantes 

Con respecto a los problemas de sueño en la población infantil, las circunstancias que han de cuidarse, ya que están afectando  muy negativamente al sueño es sedentarismo, sobrepeso-obesidad infantil, y horas de exposición a pantallas, especialmente en horas finales del día, antes de ir a dormir.

 

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Fotografía de Kinga Cichewicz /Unplash

 

C.I ¿De qué manera se está traduciendo esta experiencia del confinamiento al mundo onírico?

De forma variopinta, aunque en un par de pinceladas podemos decir que se duerme algo peor, con la impresión de dormir de forma más superficial y con más fácil despertar.

Y, muy a menudo, con sueños más vívidos (probablemente por mayor impregnación emocional durante el día: efecto novedad e incertidumbre; alerta ante las noticias de crisis sanitaria, con hospitales y UCIs desbordadas, información reiterada sobre número de afectados, y de muertos diarios…, inquietud por el entorno, por el futuro…).

A su vez, más horas de sueño. Y con algunas diferencias en el despertar: hay más despertar espontáneo (sin despertador)  y más lentamente, del mismo modo que hay más lentitud , menos ajetreo y brusquedad en nuestras actividades diarias.  

El que sean sueños más vividos y con un despertar más lento probablemente explica la mayor tendencia al recuerdo de los sueños.

Además, probablemente influye también el hecho de que durante este tiempo de encierro por la pandemia hay un cierto desplazamiento del foco de atención hacia nuestro mundo interior, como si el encierro en el mundo acotado por las paredes de nuestra casa tuviera su correspondencia en nuestro psiquismo (“confinamiento de nuestras mentes”) con mayor atención a las vivencias generadas en el mundo interno, con su correspondiente reflejo en los sueños, diurnos y nocturnos.

Otra cuestión muy interesante es lo referido al contenido. Así vemos reflejados ciertos contenidos en distintos registros de tipos de contenido de sueño:

 

Entre el personal sanitario que está trabajando en contextos con carga muy alta de angustia, o en sus familias, especialmente los hijos, se están produciendo con más frecuencia sueños vívidos, que evocan escenas de riesgo, muertes, impotencia, desconcierto.       

 

Y entre la gente en general también aparecen contextos que recuerdan la situación que vivimos, como por ejemplo ese joven que huye del abrazo que pretende darle una mujer a quien ha ayudado amablemente a descargar la compra del coche, por terror ante el abrazo. O ese otro que compartiendo mesa y mantel con una buena amiga deposita unos granos de sal en su muslo, lo prueba y le dice “diste positivo”   

 

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Foto de Annie Spratt / Unplash

 

C.I. Y los niños, ¿está cambiando también su patrón de sueño a raíz del aislamiento? ¿Podemos hacer algo para favorecer su descanso?

No conozco ningún estudio sistemático sobre el cambio de hábitos o de contenidos de sueños en este periodo de encierro (“confinamiento”). Pero entre las aportaciones de los distintos informadores, sobre todo los padres, o los propios niños cuando les damos voz, parece que lo más frecuente es una tendencia a horarios un tanto erráticos, rompiendo los hábitos diarios de sueño, al menos en niños de edad escolar: si mañana no tengo que ir al colegio ¿por qué tengo que acostarme ya ?, además por la influencia del uso de estimulantes audiovisuales tele, ordenadores y tablets, video juegos. Esto, junto con la menor estructura horaria de la vida diaria, con tiempos para actividad mental, física, ocio.., hace más difícil conservar la “higiene del sueño.“ 

Además, el sueño es un sistema frágil en los niños ante circunstancias de desorden-cambios bruscos de hábitos, y el encierro, con el sedentarismo, merma de actividad física, distintas rutinas, etc., influye en la misma línea, y rostros cubiertos de mascarillas en las calles, los vagones de metro...

En general, es importante considerar el miedo que anida en el mundo imaginario de muchos niños, con noticias televisivas constantes en torno a ese “bicho” invisible que esta por todas partes y puede matar; y el lenguaje belicista que impregna todas las noticias ( “estamos en guerra contra..”, “sufrimos el ataque de…” ) y que a menudo pierde su función metafórica para pasar a ser literal: actuaciones del ejercito desinfectando lugares o retirando cadáveres, y  mandos uniformados y luciendo todas sus medallas formando parte diaria de los informativos oficiales…difícil discriminación de ficción y realidad para tantos adultos, y muy especialmente para casi todos los niños y niñas.

Y luego tendremos las particularidades de cada niño con su familia: el miedo que circula por la casa, las fantasías en torno al “bicho”; y muy muy especialmente cuando la dinámica de las relaciones familiares está muy alterada, y aún más especialmente cuando el niño o la niña está conviviendo las 24 horas del día con padre o madre que con quien hayan tenido mala experiencia por malos tratos o abusos; en ese caso es fácil de comprender el riesgo de experiencia traumática del niño.

Por todos estos factores al menos podremos explicar la frecuencia de pesadillas, terrores nocturnos o niños que vuelven a mojar la cama (enuresis nocturna) después de tiempo con buen control de esfínteres y cama seca por la noche.

 

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Fotografía de Kalegin Michail /Unplash

 

C.I ¿Qué nos están queriendo decir nuestros sueños desconcertantes?

Casi siempre el sueño tiene cierto aire desconcertante, o lo es del todo y uno no tiene por donde cogerlo. Excepcionalmente no es así, y recordamos una escena muy nítida a la que enseguida atribuimos un significado con toda claridad…casi siempre escenas protagonizadas por un miedo o un deseo muy claro 

Pero es frecuente que predomine cierta confusión o desconcierto. Sintetizando mucho, a modo de mapa que pueda orientarnos en el desconcierto, veamos muy sintéticamente los ingredientes del sueño, Aparecen mezclados, sesgados y desordenados, pero si identificamos uno u otros ingredientes, quizás encontremos algún hilo conductor 

  1. Casi siempre en el sueños se cuelan restos de actividad del día previo , los ”restos diurnos” que influyen en el sueño, en el tono emocional                    (miedo, entusiasmo…) y/o en el contenido: No es difícil que algún enfado, o algún señuelo amoroso ,o erótico, o alguna fantasía desiderativa o “sueño diurno”,  bien sea un viaje, un posible cambio de trabajo estupendo, una aventura romántica, ; o alguna maña noticia  que se materializó (despido del trabajo, ruptura contrariada de una relación…), o en riesgo de que se concrete…

  2. Los sueños nos sirven como elemento de catarsis, de liberación de tensión… de cualquier tipo:  agresiva, erótica, de lucha, de poderío, de huida…con las deformaciones correspondientes… agresores con forma de monstruos, fieras, leones o toros bravos; en tiempos de coronavirus… gusanos, cucarachas, vampiros, murciélagos o pangolines… 

  3. Los sueños pueden ser un banco de pruebas importantísimo para tantear nuevas soluciones a problemas, generalmente a problemas relacionales    (en el sueño puedes sentirte capaza de “cantarle las cuarenta a tu jefe” o a alguien quien durante el día jamás levantaría la voz, o seducir a ese chico o esa chica a quien apenas te atreves a mirar de frente durante el día ). 

  4. También  puedes imaginar solución a problemas de otra índole: hay algunos hallazgos científicos que tomaron forma durante el sueño; uno de los más célebres fue el descubrimiento de la fórmula del anillo de benceno, que lo “vio” Kekulé , en pleno sueño- se quedó dormido frente a la hoguera de su casa- mientras pensaba en la fórmula del benceno que aún no estaba resuelta- al ver el anillo que formaba el cuerpo de una serpiente  al morderse su propia cola- el “ouroborus”, el famoso símbolo de la alquimia-; despertó y lo pasó rápidamente a su cuaderno de notas, resolviendo así el misterio de la fórmula: “el anillo del benceno”  

Vemos por tanto que los sueños son una oportunidad de “descarga” de tensión (catarsis); a menudo también una oportunidad de “fuga” a paraísos deseables o escenarios de esa índole, pueden actuar al servicio de la resolución de problemas y la creatividad; y pueden ser portadores de algún tipo de mensaje.

El mensaje “encriptado” será solo descifrable por el propio soñante, aunque puede ser ayudado. Y el descifrarlo tendrá lugar en proceso de conversación consigo mismo o con un interlocutor validado, persona amiga, pareja o terapeuta.   

 

"A veces es bien claro el mensaje de los sueños. Sea en los más disfrutones, o en los más angustiantes"

 

Y en cuanto a los sueños desconcertantes, los que no hay por donde cogerlos, se puede optar por renunciar a encontrar una interpretación forzada a toda costa , y disponerse más bien a “jugar” con algunos elementos del sueño, imaginar distintas reconstrucciones posibles.

Quizás nunca sabremos cuál de todas podría ser la interpretación más acertada, pero quizás no exista tal interpretación más acertada, sino lo que al soñador mejor le conviene en ese momento, porque le  da luz , le sugiere, le acompaña, o le obliga a pensar.

Es  algo parecido a si queremos desentrañar los significados poéticos o del arte en general, la música o las artes plásticas. A menudo aceptamos que entrañan significados muy personales, que pueden ser un poco o muy distintos según la observadora u observador. Así ocurre también con los sueños, el único interprete autorizado es el propio autor, el soñado.

Otra cosa es que el relato del sueño - ¡ojo, será el relato del sueño!- que es una reconstrucción actualizada y “traducido” a palabras del sueño   y produce en el interlocutor, sea persona amiga, pareja, o  terapeuta.

Y para complicar las cosas, aunque no sea ahora el momento de profundizar en ello, no deja de ser también interesante considerar la relación entre el onirismo (los sueños del durmiente) y esa particular forma del imaginario, las producciones fantásticas del soñar despierto.

 

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Fotografía de An Danilina / Unplash

 

C.I ¿Siesta sí, siesta no?

Sí, en lo posible, siesta sí, mejora tensión arterial y rendimiento cognitivo (atención, concentración, fluidez de pensamiento y lenguaje ), facilita recuperación del cansancio acumulado durante la mañana. Cada vez es una práctica más extendida y aconsejada en muchos países, de modo cada vez es más difícil considerarla como exclusivo patrimonio cultural ibérico. 

Eso sí, se desaconseja la siesta al estilo Cela (con pijama y orinal), sino sesteos breves, de no más de 30 minutos, lo que permite un sueño superficial que puede ser reparador, sin llegar a entrar en sueño profundo ni periodos de sueño REM (el llamado sueño paradójico durante el que soñamos más activamente ). De este modo se facilita transición al despertar, a recobrar vigilia sin la somnolencia y aturdimiento propias de la llamada inercia de sueño.

 

C.I ¿Qué dicen nuestros sueños de nosotros?

Tiene que ver con lo que hablamos del mensaje; expresan estados de ánimo, necesidades, miedos, deseos. Pero el lenguaje onírico es icónico, en imágenes, y que circula por los territorios mentales sin el encarrilamiento racional del pensamiento-lenguaje reflexivo, del sentido de la realidad:  el sentido común no ejerce, esta desactivado durante el sueño, de modo que es pensamiento de lo irracional (de los sentimientos, miedos y deseos), sin atenerse a coordenadas de espacio y tiempo, orden temporal y lógica formal que regula nuestra vida diurna. 

Qué nos dicen los sueños, hemos de irlo derivando de una “re-visión/escucha”, una contemplación muy abierta, a sabiendas de que no cabe interpretar el sueño de acuerdo a un catálogo de significaciones universales; cada sueño pertenece al soñante y contiene claves específicas para él o ella. 

En los sueños todo es posible, los mayore horrores y las mejores maravillas …y como pertenece a la cámara secreta de cada cual ( la más incógnita verdad de cada cual anida en los sueños; se dice  a menudo que en los sueños anida nuestro ser más genuino, más íntimo; como uno de los mayores artistas del mundo de sueños que es el cine, Federico Fellini, dejó dicho “nuestros sueños son nuestra auténtica vida real”. La cuestión, paradójica a más no poder, es cuando el propio autor y protagonista ignora mucho de esa “vida real”.

 

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Fotografía de Elizabeth Lies / Unplash

 

C.I ¿Algunos consejos para dormir mejor y algún truco consejo para conciliar el sueño?

Dicen los expertos del sueño, ya sea en bebés o en adultos, que a dormir bien por la noche se empieza desde por la mañana. De modo que importan cuestiones de  “higiene general de hábitos”  el orden y estructura durante el día: horario regular de despertar y levantarse, incluyendo fines de semana, horario regular de comidas, ejercicio físico (a ser posible de mayor intensidad  durante la mañana, y más suave a primera hora de la tarde), frecuentar espacios naturales, evitar lugares con ata contaminación atmosférica, cena ligera, poner hora tope de fin de actividades de trabajo en casa, alejarse de pantallas de tno , consolas, etc al menos una hora antes de ir a dormir. En aquellas pantallas que lo tengan, proporcionar el color anaranjado a última hora del día, habitación fresca y que haya estado bien ventilada.

Si has llegado muy casada al final del día, quizás un baño de agua caliente. Se recomienda específicamente pies calientes.  

Si tienes ocasión, música relajante, o alguna  práctica de relajación según preferencias; algunas prácticas de imaginería autosugerida ( pasear entre flores evocando la visión y olor agradable, y los pies desnudos pisando arena o tierra agradable ; o estar tumbado en una barca en medio de un lago de aguas tranquilas y bonito paisaje acogedor ).

Y si te animas, imaginar sueños deseables para esa noche, incluso con “consignas” para el sueño, de modo que vayas con ilusión al sueño ….. puede dar resultado. Y dejar que nuestro “inconsciente consulte con la almohada”, y se enriquezca con nuevas claves de sabiduría personal mientras nuestro “aparato psíquico” hace su trabajo de regulación emocional, a través de nuestros viajes oníricos, mientras descansamos   

 

C.I ¿Volveremos a recuperar nuestra "normalidad" a la hora del descanso nocturno después de este período?

Sin lugar a dudas, en la mayor parte de los casos será así. Y si la experiencia del soñar fue productiva y aprendimos algo de nuestros sueños en cuarentena, mejor aún. En otros casos, esperemos que sean los menos, los efectos del trauma vivido podrán dejar su huella en tastornos del sueño, con pesadilla o episodios de terrores nocturnos y requerirá ayuda específica.

 

Damos las gracias a Mariano Hernández Monsalve, por resolvernos tantas dudas y acercarnos al fascinante mundo de los sueños. 

 

 

 

 

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