Llegados a cierta edad, muchas de las conversaciones que tenemos con nuestros amigos y amigas giran en torno a la preocupación, la desazón y la incertidumbre que nos provoca ver a nuestros padres y a nuestras madres hacerse mayores.
Es muy complicado identificar y gestionar la explosión de sentimientos y emociones que implica aceptar que ahora eres tú el que debe cuidar a esas personas que un día te cuidaron a ti.
No sólo hay que hacer un ejercicio mental y emocional para asimilar que va a ver un cambio de roles, es que te llevas un golpe de realidad cuando descubres algo que, por otro lado, ya sabías: tu padre y tu madre no son eternos, no son invencibles, no siempre van a estar detrás de la puerta de ese lugar que llamas casa.

Además, cuando asistimos a la pérdida de facultades de nuestros progenitores o nos enfrentamos a las posibles enfermedades que puedan padecer, nos invade la frustración y la incomprensión que generamos ante situaciones que entendemos que no van a ser como siempre. El miedo aumenta todavía más, ante el escenario de la pérdida definitiva.
Sabemos que es ley de vida y que es el proceso natural que conlleva el paso del tiempo. Es la única certeza que tenemos en el momento que empezamos a tomar conciencia de conceptos como caducidad y deterioro. Pero, aún así, seguimos pensando en esa ilusoria idea de que a nosotros y a nosotras no nos va a tocar nunca.
La psicóloga Virginia Frutos asegura que darse cuenta de que tus padres se hacen mayores cambia la forma en la que lo ves y lo sientes todo.
Frutos, habla de la rabia y la tristeza, así como de la incertidumbre de saber si hacemos lo correcto. También es inevitable sentir miedo a lo desconocido, porque nos toca enfrentarnos a algo para lo que no tenemos experiencia. Esta psicóloga, explica cómo hacer este viaje inevitable más fácil para ellos y para ti.

Caer en cuenta de cómo los años pasan factura en sus padres y cómo, poco a poco, pierden su autonomía, normalmente no es algo que sucede de la noche a la mañana. A pesar de ser algo que ocurre de manera progresiva, nunca se está del todo preparado para esta transformación, porque cada caso es único, no se sabe cómo se asentará la vejez y si la salud o la vida se verán comprometidas.
Frutos explica que los hijos experimentan un vaivén de emociones entre el enojo y la tristeza. Lo primero, viendo que la vida transcurre y que asumimos un nuevo papel; lo segundo, porque somos testigos en primera fila de cómo ellos pierden su independencia y dejan de ser quienes nos cuidaban.
Según la psicóloga, no es un asunto fácil de gestionar, incluso es posible que no sepamos cómo hacerlo. Aunque sea una experiencia abrumadora, lo mejor es no dejarse llevar por la ansiedad, la tristeza, los nervios o la frustración. Es fundamental aprender a manejar las emociones intensas para afrontar la incertidumbre del futuro. Como destaca la experta, no dudes de si haces lo suficiente; seguro que lo estás haciendo lo mejor que puedes.

No entiendas este cambio solo como un duelo, haz que tus padres se sientan valorados, y siempre que puedas, tenlos en cuenta para las decisiones, pídeles ayuda y hazles ver que su opinión importa. Incluso, anímate a hablarles del futuro.
Estos temas no son sencillos y quizás sientas la presión de actuar de la mejor forma. Considera que es posible cometer errores en el camino, pero no te culpes.
«A nosotros y nosotras tampoco nos enseñaron a ser hijos e hijas en esta etapa de la vida. También estamos aprendiendo, con amor, con dudas, con errores».
Virginia Frutos
Aceptar el proceso es clave para que no sea solo un desafío. Piensa en las historias gratas que les falta compartir; no dejes que el día a día te supere. Y si necesitas ayuda, pídela. Puedes aprender de las experiencias de otros, así que un círculo de apoyo siempre viene bien para desahogar tus sentimientos. Es parte del autocuidado que necesitas.
También es bueno contar con la ayuda de un psicólogo para gestionar las emociones y tener herramientas para manejar la realidad que trae consigo el envejecimiento de los padres.

Recuerda, al darnos cuenta de que nuestros padres envejecen, no hay un único camino correcto. Lo que sí está en tu mano es hacerlo más humano. Den juntos un paso a la vez. Como concluye Virginia Frutos, que tus padres se hagan mayores cambia la forma en que ves todo, pero lo estás haciendo bien, o lo hiciste bien, con lo que sabías, con lo que podías dar.
No importa la circunstancia vital que te acompañara en su momento o te acompañe en un futuro, lo lejos que estés o lo poco presente que sientas que vas a estar en ese momento tan crítico y decisivo. Acompaña lo que puedas y cuando puedas, siempre con paciencia, comprensión y amor.