Esta no es una familia normal

Esta no es una familia normal

Cuenta una leyenda japonesa que las personas destinadas a encontrarse están unidas por un hilo rojo invisible. Puede tensarse, enredarse, incluso estirarse hasta el infinito, pero jamás se rompe.

A veces pensamos en ese hilo como una metáfora del amor de pareja, pero hay historias que nos demuestran que también puede extenderse hacia los hijos, aunque lleguen por caminos inesperados.

La historia de Óscar Lendínez y Vicente Molina, una pareja valenciana que lleva 19 años caminando juntos, es la prueba viva de que el hilo rojo puede unir a quienes nunca imaginaron encontrarse.

Ellos, que se conocieron una noche de juventud y descubrieron pronto que había algo más que amistad, acabaron convirtiendo su vínculo en un proyecto de vida en común.

Se casaron apenas cuatro años después de que en España se aprobara el matrimonio igualitario, y desde el inicio la idea de la paternidad estuvo presente, sobre todo para Vicente, que lo soñaba con urgencia y convicción.

La decisión de adoptar no fue sencilla ni inmediata, y lo hicieron con muy pocas referencias, pero con una certeza enorme: querían formar una familia.

En el proceso de solicitud, marcaron casi todas las opciones posibles, convencidos de que lo esencial no eran las etiquetas, sino el deseo profundo de dar un hogar a un niño o niña que lo necesitara.

Sin saberlo, estaban abriendo su historia hacia la adopción nacional de necesidades especiales.

Seis años más tarde, el hilo rojo se tensó hasta unirlos con Sergio, que llegó con 14 meses y hoy está a punto de cumplir once años.

Pensaban que sería hijo único, pero la experiencia los transformó tanto que decidieron abrir un nuevo expediente. Así, cuatro años después, llegó su segundo hijo, al que llaman “El Peque” en redes para preservar su intimidad, también con 14 meses y hoy ya con seis años cumplidos.

Desde entonces, Óscar y Vicente no solo han criado con amor, también han hecho de la visibilización de la adopción una misión.

Lo que empezó como una cuenta en redes cuando eran tres, se convirtió en una comunidad: un espacio donde hablar de adopción sin edulcorar ni esconder, mostrando que la adopción nacional es una opción posible, gratuita y cercana.

Ellos insisten en algo fundamental: los hijos no nos pertenecen. Llegan con un libro de vida ya empezado, y la tarea de los padres no es arrancar páginas, sino acompañar la escritura de las siguientes.

Sus hijos conocen su historia, a sus familias de acogida y saben que la adopción también trae consigo una herida: la separación de la familia de origen. Una herida que no se borra, pero que se puede cuidar y acompañar.

Con el tiempo, han creado grupos de apoyo en Telegram en toda España, un blog y una red de familias que se ayudan y acompañan. Su objetivo ha sido siempre el mismo: visibilizar, desmitificar y acompañar.

Porque ser padre adoptivo no es lo mismo que ser padre biológico: además de criar, hay que ayudar a sanar.

Óscar y Vicente hablan de la adopción con gratitud, porque les dio lo más grande: sus hijos. Pero nunca olvidan que detrás de cada adopción hay también una pérdida, una ruptura que merece respeto.

Entre la herida y el regalo, entre el dolor y el amor, ellos han sabido tejer una historia que honra todas sus partes.

El hilo rojo, invisible y eterno, los unió cuando menos lo esperaban. Y hoy, cada día, sigue recordándoles que hay encuentros destinados a transformar la vida para siempre.

A veces, el hilo rojo no se ve. Solo se siente en el temblor de lo inevitable, en el cruce perfecto de dos caminos que no debían haberse perdido. Y no, no son una familia normal, su amor es de otro planeta.

Sigue su historia en Nuestro hilo rojo.

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