Se puede partir de la base de que cualquier trabajo tiene sus pros y sus contras, pero dentro de los claroscuros de cualquier oficio, hay algunos que son mucho más perjudiciales para la salud. Sobre todo para la mental.
Hay muchos sectores que se caracterizan por someter a sus profesionales a grandes cantidades de estrés y esto puede repercutir en bajas o problemas de salud serios.
Profesores, personal de banca, personal sanitario, abogados/as, auditores/as y un largo etcétera de trabajadores y trabajadoras de diferentes ámbitos, confiesan verse superados y superadas por los ritmos que imponen sus oficios y las situaciones a las que tienen que enfrentarse en muchas ocasiones.
Aunque hay muchos que puedan no entender el malestar de estos y estas profesionales atendiendo a argumentos de que no trabajan en la hostelería, en una mina, en una carretera o en el campo, áreas en las que al desgaste mental, se le suma el desgaste físico, las jornadas interminables y unos salarios más precarios.

Sin animo de que el debate se centre en cuál es el peor trabajo del mundo, el LARPSICO (Laboratorio-Observatorio de Riesgos Psicosociales de Andalucía lleva advirtiendo desde 2023 sobre los riesgos psicosociales a los que se enfrentan esos nuevos profesionales que se han desarrollado en paralelo al avance de las redes sociales.
En concreto, el informe se centraba en los moderadores/as de contenido, esas personas que funcionan como escudos humanos para que al resto de la audiencia no nos llegue material sensible. En otras palabras, son otras personas con tu misma sensibilidad la que debe evitar que llegue a tu pantalla contenido extremadamente violento, sexual, perturbador o desagradable.
La llamada vigilancia tecnológica está empezando a asumir las consecuencias de los riesgos que conllevaba, riesgos que no entendemos que no se hayan previsto y evaluado antes.
En Estados Unidos, la ausencia de adecuados protocolos de gestión de la salud mental de estos profesionales llevó a una demanda masiva (11.250 personas moderadoras en diferentes Estados), que dio lugar a un acuerdo de compensaciones económicas millonario (más de 50 millones de dólares), con cantidades diferentes individuales, en función de los daños certificados vinculados a la exposición.
Una vez más, la respuesta fue monetaria, no preventiva. También informábamos, para España, que la Generalitat, a través de la Dirección General de Relaciones Laborales, Trabajo Autónomo, Seguridad y Salud Laboral ha sancionado con 41.000 euros a una empresa de Barcelona (CCC Barcelona Digital Services) que presta sus servicios a la red Facebook, por el trastorno mental grave que sufrió un moderador de contenidos desarrollado a partir de la visualización de contenido muy violento en internet.

Años después, el problema lejos de resolverse se ha agravado. Bajo los significativos, e inquietantes, titulares como «filtro del horror» o «el infierno de moderar Facebook», ha ido adquiriendo notoriedad el efecto nocivo que se produce para las personas que trabajan en la moderación, control o filtro de contenidos, de las diferentes redes sociales, en el caso concreto del personal contratado en la empresa de Barcelona que trabaja para la red Meta.
Esta competencia ya ha afectado a un volumen importante de la plantilla: el 20% del personal empleado en el seno de la empresa subcontratada por Meta en Barcelona (la citada CCC Barcelona Digital Services).
El informe de LARPSICO asegura que hablamos de más de 400 personas encargadas de revisar, controlar, moderar o hacer de filtro ético frente a la violencia, brutalidad y odio de los mensajes y, sobre todo, vídeos que se amontonan en Facebook e Instagram.
Además de que la carga de trabajo es inmensa de manera cuantitativa, en el plano cualitativo se deben enfrentar a lo peor de la condición humana como coinciden en describir esos contenidos muchas de las personas trabajadoras entrevistadas y denunciantes.
Haciendo una media global de los últimos años, los informes de Meta indican que Facebook retiraría al año más de 7,2 millones de contenidos por abusos sexuales a menores, 17,5 millones por discursos de odio en Facebook e Instagram y más de 6,4 millones por suicidios.
La fuerte sobrecarga psicosocial que conlleva esta labor no es solo por el contenido extremo que tienen que visualizar y depurar, es que tiene la presión y la responsabilidad de ejecutar su misión con el margen de error más bajo que pueda tenerse. El trabajo en tales condiciones se acepta porque está razonablemente bien pagado y aunque sí disponen de un servicio de atención psíquica, la mayoría de las personas entrevistadas reconocen que ese servicio está siendo deficiente.
Se están multiplicando las bajas por estrés postraumático, con frecuentes episodios de ansiedad e incluso pánico (en más de un caso se llega a la depresión, e incluso intentos de suicidio).
Ante la gravedad de la situación, parece que llueve sobre mojado, como ya se evidenció por el LARPSICO. Al asunto judicializado, pero finado con indemnización de 52 millones de euros en EEUU, hay que sumar también las demandas en Irlanda y Kenia, por las mismas razones.

Lo cierto es que esta problemática parece tener una difícil solución debido a que es un trabajo que debe existir a pesar de lo paradójico de su naturaleza.
Muchos expertos aseguran que la diferencia entre llevarlo a cabo mejor o peor, vendría marcada por las condiciones de desarrollo de la actividad, de modo que con una adecuada gestión preventiva de estos riesgos psicosociales asociados a tales tareas, incluyendo el debido protocolo de gestión de la salud psicosocial en las funciones de vigilancia tecnológica, se podrían reducir muy significativamente los impactos en las personas que cuidan de nuestra salud psicosocial en la red, sin morir en el intento o verse gravemente afectados en su propia salud psicosocial en el trabajo.
Quizás, otra solución sería poder entrenar la IA para que realice trabajos en los que sea un requisito imprescindible no tener alma. Quizás podríamos empezar a usar las herramientas que tenemos a nuestro favor, no en nuestra contra.