Cultura Inquieta lanza el concurso «Mi vida es un meme» con 2.000 euros en premios
La sociedad actual no se entendería sin los memes. Esta particular manera de convertir en parodia todo lo que acontece en el mundo, es ya un lenguaje en sí mismo.
La sociedad actual no se entendería sin los memes. Esta particular manera de convertir en parodia todo lo que acontece en el mundo, es ya un lenguaje en sí mismo.
Parece que la vida está marcada por etapas de obligado cumplimiento que ejercen una presión que puede ir en contra de nuestra naturaleza.
No basta con ser la pareja, el amigo, el currante, el hijo y el hermano perfectos, además debemos serlo con una sonrisa.
A veces hace falta alejarse años luz para entender lo que significa estar en casa.
Hay diferentes tipos de trabajos, pero casi todos comparten una dimensión que permite que todo funcione: la gestión.
¿Hay mañanas en las que abres los ojos antes de que suene la alarma del despertador y, aun así, sientes que ya vas tarde? Es normal, vivimos con prisas. O sería mejor decir que no vivimos por la prisa.
Hay rituales que sobreviven al paso del tiempo porque son seña de identidad y reflejo de una manera de ser y vivir.
Hay días en los que una siente que ser humana es una desdicha. Días en los que basta con encender la tele, ese oráculo del apocalipsis, para pensar que igual sí, que mejor el meteorito, que caiga ya, sin previo aviso.
Las redes sociales y las plataformas se han convertido en un auténtico campo de minas para personalidades populares de cualquier tipo.
La confusión de no saber lo que ha ocurrido y la imposibilidad de cerrar el capítulo, a menudo nos sume en un bucle de preguntas y recriminaciones.