La referente feminista reflexiona sobre el arte de envejecer y cómo este proceso es tan natural como el hecho de vivir.
Vivimos en una sociedad que prima la juventud en detrimento de nuestros mayores, una sociedad que alaba las pieles sin arrugas, que potencia el terrible mal de la soledad en la gente mayor. Una sociedad que esconde el proceso de envejecer porque le da vergüenza asumir que es una parte más de la vida, una tan natural que, de continuar intentando evitarla, podría caer en la paradoja de hacer que la vida se vuelva una parodia de sí misma.

Sobre esta especie de fobia a envejecer dejó unas cuantas reflexionas la escritora Simone de Beauvoir en su libro La vieillesse (The Coming of Age). En el libro, la filósofa existencialista intenta comprender con una mirada empática y reflexiva a nuestros mayores, concluyendo que “la vejez no es un fin necesario para la vida humana”.

La vejez, continúa Beauvoir, adquiere la dimensión que le demos nosotros, por eso el concepto de la vejez varía en función de cada sociedad.
“A veces se ha dado un valor particular a la vejez por razones sociales o políticas. Para algunas personas (las mujeres de la antigua China, por ejemplo) ha sido un refugio contra la dureza de la vida en la edad adulta. Otros, desde una visión general pesimista de la vida, se adaptan cómodamente a ella... La gran mayoría de la humanidad contempla la llegada de la vejez con tristeza y rebelión. Les llena de más aversión que la muerte misma.
Y, de hecho, es la vejez, más que la muerte, lo que debe contrastarse con la vida. La vejez es la parodia de la vida, mientras que la muerte transforma la vida en un destino: en cierto modo la preserva dándole la dimensión absoluta".

Pero, entonces, ¿podemos evitar que la vida se convierta en una parodia de sí misma? ¿Podemos evitar envejecer? No, para la autora francesa esa no es la solución.
Para evitar que la vida sea una parodia debemos concebir el envejecimiento no como un proyecto, como algo que podemos industrializar o ganar, sino que es un hecho, algo que está destinado a ocurrir en sus propios términos, algo para lo que estamos en continuo aprendizaje para aprender a controlarlo cuando llegue el momento en el que nos toque rendirnos a la vida y su fin.
La otra clave para abrazar el envejecimiento con absoluta naturalidad es llegar a esta eteapa vital con unas cuantas pasiones que nos impulsen a continuar queriendo vivir, manteniendo nuestra curiosidad despierta.

"Crecer, madurar, envejecer, morir: el paso del tiempo está predestinado, es inevitable.
Sólo hay una solución para que la vejez no sea una parodia absurda de nuestra vida anterior, y es seguir persiguiendo fines que den sentido a nuestra existencia: la devoción a individuos, a grupos o a causas sociales, políticas, intelectuales. o el trabajo creativo... En la vejez deberíamos desear todavía tener pasiones lo suficientemente fuertes como para impedirnos encerrarnos en nosotros mismos”.
Terminamos esta reflexión de la gran Simone de Beauvoir con una de nuestras citas favoritas de su libro La vieillesse:
“La vida de uno tiene valor siempre que se atribuya valor a la vida de los demás, mediante el amor, la amistad, la indignación, la compasión".
Simone de Beauvoir.