Viajar no es solo cambiar de lugar, sino de ideas: efectos psicológicos que sentimos cuando viajamos
Los estudios realizados en el marco de la Psicología arrojan evidencias que sugieren que viajar nos puede cambiar.
Los estudios realizados en el marco de la Psicología arrojan evidencias que sugieren que viajar nos puede cambiar.
Con nuestras filias nos llevamos bien, pero tener fobias conlleva hacer un ejercicio de autocontrol, meditación y reflexión.
La empatía es la base de la intimidad y la conexión más cercana. Sin ella, nuestras relaciones serían superficiales desde el punto de vista emocional.
Por Patricia Fernández Martín La mitología está de moda. Contemplar la selección de obras que expone el Museo del Prado sobre la pintura mitológica que se hizo en Europa durante los siglos XVI y XVII es una experiencia emocionante. En un contexto aburrido y sin grandes torbellinos sensoriales, pasear por sus obras se convierte en un ejercicio de liberación mental. Sin menospreciar la explosión carnal y sensual que despierta esta exposición, me voy a centrar en la dimensión heroica de sus protagonistas.
Existe una enseñanza del budismo zen que nos dice cómo conquistar a un enemigo sin atacarlo. Para ilustrarlo recurrimos a una parábola, la famosa historia de un temido guerrero que arrasa una comarca en el lejano Oriente.
La virtud de la autosuficiencia no tiene nada que ver con ser independiente, pagarte tus propias facturas o vivir solo. Ser autosuficiente es estar bien con uno mismo y con los demás, adaptarse a los cambios y saber aceptar, asimilar y relativizar.
Hay momentos en la vida en los que nuestros ejercicios de introspección no son suficientes para entender hacia dónde vamos o hacia dónde queremos ir, pero hay claves de reubicación vital que pueden trabajarse.
El amor es libre o no es. Por desgracia, la línea entre el amor y la posesión suele ser tan sutil que no es difícil cruzarla.
La enfermedad graba en nuestra mente la creencia profunda de que la comida es una amenaza, en lugar de ser un elemento de supervivencia y placer.
Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando.