Decían los griegos que sólo había siete tipos de amor
El amor es más necesario que el propio aire, a pesar de que también puede ser la fuerza más arrebatadora y devastadora que existe.
El amor es más necesario que el propio aire, a pesar de que también puede ser la fuerza más arrebatadora y devastadora que existe.
«La lectura debe ser una de las formas de la felicidad [...] Es el único modo de leer».
Ayer escuché a J. J. Benítez decir que en 2027 el asteroide GOG impactará de lleno contra la Tierra. Tsunamis, terremotos, meses de oscuridad, sequías, una vida casi imposible.
Piensa en grandes momentos en los que has sido feliz y piensa en cuántos de ellos, el miedo al ridículo han sobrevolado sobre tu cabeza.
Madrid fue mi casa durante quince años. Los mejores, en general. Hasta que hace cuatro años nos echó. Sin contemplaciones: nos echó como se patea una lata vacía en la acera.
La ternura no niega la muerte ni el shock ni el dolor. Convive con ellos. Es un café compartido a las siete de la mañana cuando no has dormido. Es una mano que no suelta. Es seguir respirando cuando no sabes por qué.
Sin las personas que amamos, las ciudades, los pueblos y las casas sólo serían conglomerados inertes y grises de hierro, cemento y hormigón.
El término «nuevas masculinidades» se vende como el penúltimo antídoto contra el patriarcado, pero tiene un trasfondo tramposo.
El amor no es sólo ese sentimiento que mueve el mundo en la dirección correcta, es algo que debe ser trabajado para ser considerado un arte.
¿Qué ocurre cuando nos hemos quedado sin lágrimas al vaciar la casa en la que vivían esas personas a las que tanto amas y ya no están?