Qué revela de nosotros el lenguaje corporal
Dicen que las palabras fueron creadas para ocultar los pensamientos, pero hay un lenguaje no verbal que dice mucho de qué somos.
Dicen que las palabras fueron creadas para ocultar los pensamientos, pero hay un lenguaje no verbal que dice mucho de qué somos.
Aunque la depresión y la ansiedad parecen males pandémicos de nuestros tiempos modernos, la salud mental se resiente desde la Antigua Grecia.
Muchas veces, la vida nos expone ante situaciones realmente curiosas, ¿quién no ha encontrado alguna vez algo que no esperaba en el intento de buscar otra cosa? Por ejemplo, encontrar unos bronches vikingos del siglo IX en el jardín de casa mientras buscas un pendiente. No es broma.
Por mucho que ocurriera hace 400 años, seguimos sin entender qué de ofensivo o de provocador puede tener la belleza de un cuerpo desnudo, qué de peligroso puede ser algo tan natural como la carne y la piel. Por desgracia, sigue ocurriendo en pleno siglo XXI.
Convivir en sociedad conlleva compartir nuestra vida con el resto y, como consecuencia, tejemos relaciones afectivas de todo tipo. Hay una manera de hacer que esas relaciones con otras personas sean sanas.
Trufada de experiencias autobiográficas, la novela corta El Principito es el libro francés más leído y más traducido del mundo.
Todos sabemos que la infancia es la etapa de nuestra vida más importante, esa en la que se sientan las bases de las carencias, los traumas y las taras que vamos a tener de adultos. Cuanto antes sepamos de qué va la vida, mucho mejor.
La vida está llena de momentos surrealistas y situaciones absurdas que pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar. Cuando tenemos la suerte de presenciar algunos de esos acontecimientos, ¿qué cara se nos queda?
Seguimos el rastro de todas esas almas artísticas que creemos que tienen algo que decir a través de sus creaciones; a todos esos artistas que nos conmueven, nos provocan y nos hacen vibrar desde sus microcosmos internos.
Lo bueno si breve, dos veces bueno, y más si de humor se trata. Apenas una imagen y una frase bastan para asociar una serie de ideas que nos arranquen una sonrisa o una carcajada. Sólo hay que tener ganas de hacer reír a los demás, como hace el ilustrador y viñetista Joseph Nowak.