Decían los griegos que sólo había siete tipos de amor
El amor es más necesario que el propio aire, a pesar de que también puede ser la fuerza más arrebatadora y devastadora que existe.
El amor es más necesario que el propio aire, a pesar de que también puede ser la fuerza más arrebatadora y devastadora que existe.
Que una historia de amor tenga un final feliz, no siempre es sinónimo de que sus protagonistas acaben juntos para el resto de sus días.
Junto a la ansiedad, el ombliguismo y otros males propios del siglo XXI hay uno que es totalmente endémico: la insatisfacción crónica.
Piensa en grandes momentos en los que has sido feliz y piensa en cuántos de ellos, el miedo al ridículo han sobrevolado sobre tu cabeza.
Mostramos una resistencia absurda a que alguien acceda a esa vulnerabilidad que con tanto esfuerzo, nos empeñamos en proteger y ocultar.
Sin las personas que amamos, las ciudades, los pueblos y las casas sólo serían conglomerados inertes y grises de hierro, cemento y hormigón.
La soledad, cuando no es deseada, es un mal endémico que afecta a miles de personas en los tiempos que vivimos.
En un momento en el que una de las mayores aspiraciones que tenemos es sentirnos únicos y únicas, lo único que hacemos es repetir patrones.
En cualquier tipo de relación, considerar a la persona de al lado es pararse a pensar que tiene un mundo interno propio como el tuyo.
El séptimo arte siempre es un compañero de viaje fiel y un vehículo para seguir haciéndonos soñar con otras vidas, otros lugares y otras experiencias.