Como admirador ferviente de la que creo que es la artista española más importante de la última década, haber estado "de madrugá" tumbado en la cama escuchando su cuarto disco en los auriculares y escribiendo este contenido, no ha sido ninguna penitencia. Ha sido más bien como una liturgia.
Llevo esperando LUX desde que acabó el tour de Motomami porque uno nunca tiene suficiente Rosalía. Pero la larga ausencia de la catalana finalizó hace un par de semanas con Berghain: el primer single de su nuevo trabajo y la ecléctica y sobre analizada canción que lejos de calmar mi ansia, consiguió acrecentarla.
Para mí ha pasado una eternidad hasta que me he hallado ante la cuenta atrás que ha consumido los segundos y mi deseo de que estuviera en streaming uno de los discos más importantes del año, ese que ya era relevante incluso antes de que existiera. Ya sabemos que hay cosas que no tienen que existir para creer en ellas.
LUX (Luz en latín) es, en palabras de la propia artista, una investigación personal sobre las místicas asociadas a la feminidad para mostrar el crisol que hay alrededor de la santidad en todo el mundo.
«No soy una santa, pero estoy blessed», Rosalía en Reliquia.
No os voy a mentir, me encantaría poder diseccionar este disco al nivel que lo hizo el musicólogo Jaime Altozano con Motomami o ser tan ocurrente y profundo como lo es Zane Lowe en sus entrevistas. Me conformaría con poder tener la capacidad que tienen toda esa corte de feligreses de Rosalía que en sus reels analizan cada videoclip, cada post o story que lanza la cantante con el propósito de descifrar simbologías y elaborar teorías con las que yo creo que tiene que flipar la propia Rosalía.
Sin embargo, ni tengo la capacidad, ni tengo los recursos y lo más triste, no tengo el tiempo. Por eso sencillamente quiero darle al PLAY y desde lo que mi alma y mi corazón me digan, quiero contarte este viaje musical y celestial al que nos invita la autora en ese vuelo sin red que es su cuarta creación.
1. Sexo, violencia y llantas empieza con un piano que me indica que en esta nueva etapa que ella misma ha definido como maximilista, van a predominar las grandes orquestaciones. Me recuerda a la Rosalía del Mal querer y ya fija el concepto que va a tener el álbum: la inspiración en otras santas y que el verdadero purgatorio es la Tierra, ese espacio lleno de luz y oscuridad que nos separa de Dios. «Quién pudiera vivir entre los dos, primero amar el mundo y luego amar a Dios».
2. Reliquia empieza con unos violines luminosos muy al estilo de la serie de los Bridgerton. En cuanto empieza la melodía vocal, entiendo por qué va a ser el segundo single. La voz de Rosalía (que suena dulce y limpia como nunca) relata todos esos sitios en los que ha ido perdiendo partes de ella misma, dibujando un mapa emocional que me hace empatizar con cada una de esas penitencias que también son las mías y las tuyas. En la producción, Daft Punk. De mis favoritas. «Pero mi corazón, nunca ha sido mío. Yo siempre lo doy».
3. Divinize comienza con una atmósfera mucho más oscura que el anterior corte. En catalán e inglés, me arrastra a las tinieblas de ese corazón que ha entregado mil veces y me habla de frutas prohibidas y de la pureza que hay en ella. Las bases electrónicas me llevan a esa primera etapa musical que Björk marcó con sus discos Debut, Post y sobre todo, Homogenic. «Through my body you can see the light». Otra de mis favoritas.
4. Porcelana sigue la estela de Divinize. Atmósferas oscuras, bases electrónicas (de nuevo muy Björk en Homogenic) y orquestaciones de violines que suenan amenazantes hasta que se rompen con la voz de Rosalía fraseando desafiante y decadente como ya lo hizo en Cuuuuuuute: «El placer anestesia mi dolor, el dolor anestesia mi placer». A pesar de esas bases que rozan el trip hop y suenan a ritual satánico, ella nos recuerda en latín que ella es la luz del mundo: «Ego Sum Lux Mundi» y ¿lo hace en compañía de Frank Ocean?. Este tema es sencillamente brutal.
Me gustaría hacer un inciso para señalar que Rosalía canta en varios idiomas en LUX entre los que se encuentran el latín, el chino mandarín, el japonés, el italiano, el portugués, el catalán, el castellano, el inglés, el alemán, el francés, siciliano y hasta "potaxie". Está claro que como Dios, ella quiere lanzar su mensaje a todo el mundo.
5. Mio Cristo Piange Diamanti arranca tras ese coro angelical con el que cierra Porcelana. Es la primera canción del disco en la que la voz más lírica y operística de Rosalía suena en italiano y totalmente vulnerable, apenas acompañada por un piano hasta que hacen acto de presencia unos violines y unos chelos lejanos que acompañan las subidas de este aria que tardo un año en componer. También es el primero de esos momentos del disco en los que parece que estoy asistiendo a un musical que podría estar protagonizado por una Edith Piaf encomendándose a Dios. «Mio caro, amico».
6. Berghain, la canción y el videoclip más analizados de 2025, coge mucho más sentido en el conjunto de un disco en el que las partes justifican el todo. Sacarla como primer single fue toda una declaración de intenciones porque resume lo que es LUX. Chamber pop, pop a secas, electrónica, música clásica (a cargo de la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección del islandés Daníel Bjarnason) y un corazón roto que busca una intervención divina. Además es varias canciones en una, algo que ocurre constantemente en la discografía de la catalana. La colaboración con Björk llega a su clímax cuando Yves Tumor recita «I'll fuck you till you love me».
7. La perla llega tras el dolor y la tristeza de Berghain y en una especie de vals (muy de película musical también) en el que escuchamos a una Rosalía que ha pasado su etapa de duelo romántico y está en la fase de empoderamiento resurgiendo de las cenizas de una ruptura dolorosa. La perla no sé a quién se la habrá escrito (¿Rauw Alejandro quizás?), pero es el beef más divertido que he escuchado desde la sesión #53 de Bizarrap con Shakira. Mucho más sutil, desde luego. «Él es tan encantador, estrella de la sin razón, un espejismo, medalla olímpica de oro al más cabrón».
8. Mundo nuevo nos devuelve a la Rosalía de sus raíces, a la de Los Ángeles y Catalina. En esta especie de saeta orquestada, la artista hace un despliegue vocal lleno de quiebros, que veremos en más composiciones de LUX, y a golpe de "quejíos" se lamenta de las veces que la han mentido. «Yo quisiera renegar de este mundo».
9. De madrugá me trae a la cabeza Saoko y Bulerías, como mezcladas en una píldora que se mete instantáneamente en la cabeza. Pude escuchar un adelanto en la campaña que la cantante ha hecho para una conocida firma de ropa interior. De nuevo, en dos idiomas, castellano y ucraniano, Rosalía vuelve a cantar brava y valiente: «Traigo mil lenguas de fuego, toas en mi pelo».
Canción a canción me sube a la montaña rusa catártica y redentora que ha supuesto la expiación que ha hecho de sus pecados a través de este disco.
10. Dios es un stalker es definitivamente otra de mis cortes favoritos. Siento que es otro single en potencia. Mezclando palmas flamencas con ritmos latinos cercanos a la salsa, Rosalía sube hasta tres veces la intensidad de la composición y el tono en el que canta hasta ese final festivo en clave de dance y electrónica de los años 90. Siento que termina demasiado pronto este flirteo con Dios que ha osado en adaptar a la era digital. «Detrás de ti voy, yo que siempre espero que vengan a mí», declama la diosa desde su púlpito.
11. La yugular es otra de esas composiciones que son muchas composiciones en una y otro de los temas que más me han gustado. Con un arranque que recuerda a las bandas sonoras de Pedro Almodóvar, de repente vuelven a hacer acto de presencia las grandes orquestaciones para pasar a sonar como una ranchera mientras su voz delicada me guía a través de un relato que parece una preciosa declaración de amor y la expresión máxima de lo que es tener este sentimiento. Rosalía firma aquí el mejor final del disco y da muestras de su talento como compositora. «La galaxia entera cabe en una gota de saliva, una gota de saliva ocupa la Quinta Avenida».
A estas alturas de mi particular listening party ya he perdido la cuenta de los idiomas en los que ha cantado Rosalía y de los géneros musicales que ha abarcado sin perder ni un ápice de su esencia.
12. Sauvignon Blanc es uno de esos momentos delicados que a la artista le encanta meter en mitad de sus complejas propuestas sonoras. Un respiro que huele y sabe a vino blanco. En esta ocasión, Rosi le canta a un amor que no es como ningún otro de los que ha tenido, es más, es uno que va a hacerle olvidar sus relaciones pasadas. Podría ser un amor terrenal, pero en el contexto de LUX, que se hable de vino en una canción es como si se hablara de panes y peces. «Sauvignon Blanc, a tu lado, mi futuro sé bien que será dorado».
13. La rumba del perdón llega casi al final de un disco titulado LUX y con un concepto que no tenía duda que tendría cabida: el perdón. Aunque sea un perdón resignado. La colaboración que Rosalía hace con Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz es la pieza en la que más patente queda su virtuosismo vocal. Los quiebros que hace la catalana en este track son impresionantes. Como ya hizo con el "yeli" en Di mi nombre, esta rumba está adornada con varios "nonainoná" certeros que muchos dirán que es apropiación cultural, pero que abundan en el dramatismo de una letra llena de traición y, cómo no, perdón. Podría haber formado parte del Mal Querer perfectamente. «Toíto te lo perdono».
14. Memória es el momento en el que la cantante, junto a la gran Carminho, se atreve con un fado precioso que me acuna como apaciguando toda la tormenta interior que me ha provocado la casi hora de escucha que llevo ya. Los sutiles coros angelicales que se oyen de fondo indican que la paz, la luz y el descanso eterno están por venir. Como si toda mi vida pasara delante de mis ojos en 3 minutos y 45 segundos, me dejo abrazar por el piano y los violines que evocan a esa magia que hay en los recuerdos, en la memoria. «¿Y si mi alma se derrama y la falta del pasado es el olvido? Cuando muera solo pido no olvidar lo que he vivido».
15. Magnolias es el cierre perfecto. Es el momento en el que la cantante fantasea con ver cumplido ese deseo interno de encontrarse con el amor de Dios y lo hace imaginando su propio funeral, ese en el que sus 21 gramos de alma por fin, podrán abandonar su cuerpo terrenal y alcanzar la felicidad y la libertad que este mundo loco se resiste a regalarle. La Escolanía de Montserrat acompaña a Rosalía en ese viaje imaginario que es el más importante de su vida. Yo también la acompañaría. «Todos habéis venido, hasta mis enemigos, a llorar. Tírame más magnolias».
Rosalía ha vuelto a hacer lo que ha querido y lo ha hecho muy bien. Ha vuelto a sacar adelante un proyecto musical sobre todo lo que a ella le gusta saber, investigar y experimentar. Como una alquimista musical que ha convertido el metal en oro y ha encontrado su piedra filosofal, firma otro hito en su carrera con un disco que no va a dejar a nadie indiferente y que me hace mantener la esperanza de que se puede seguir dando prioridad al arte por encima de los números y las radiofórmulas.
Ya lo dijo alguien: «Yo era ateo, pero ahora creo».
Por Luiki Alonso.
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