Manual para reconstruir un corazón roto
No es lo que hacemos, es cómo reparamos lo que hacemos. Vivir, y, sobre todo, convivir, implica herimos.
No es lo que hacemos, es cómo reparamos lo que hacemos. Vivir, y, sobre todo, convivir, implica herimos.
Mi padre no fue el más perfecto del mundo, pero todas sus imperfecciones las atesoro como uno de los bienes más preciados que poseo.
La confusión de no saber lo que ha ocurrido y la imposibilidad de cerrar el capítulo, a menudo nos sume en un bucle de preguntas y recriminaciones.
Aunque el amor es un sentimiento universal hay muchas maneras de darlo y recibirlo. Es decir, hay muchas maneras de expresarlo.
Es complicado gestionar las emociones que implican aceptar que ahora eres tú el que debe cuidar a esas personas que un día te cuidaron a ti.
En las últimas décadas, hemos visto un aumento del absentismo matrimonial. Ya no entendemos las bodas como el final feliz de un cuento.
El amor es más necesario que el propio aire, a pesar de que también puede ser la fuerza más arrebatadora y devastadora que existe.
Es en momentos de desamparo cuando nuestra mente necesita viajar a sitios y personas que son casa para volver a sentir seguridad.
Mostramos una resistencia absurda a que alguien acceda a esa vulnerabilidad que con tanto esfuerzo, nos empeñamos en proteger y ocultar.
Madrid fue mi casa durante quince años. Los mejores, en general. Hasta que hace cuatro años nos echó. Sin contemplaciones: nos echó como se patea una lata vacía en la acera.