La directora revolucionó la manera de representar en el cine, ofreciendo una mirada profunda, empática y crítica sobre la vida de las mujeres, sus rutinas y los lugares que habitan.
Su obra invita a reflexionar sobre la condición femenina y el lugar de la mujer en la sociedad, utilizando el lenguaje cinematográfico para dar voz y visibilidad a experiencias a menudo ignoradas.
Akerman ponía un énfasis particular en la vida cotidiana de las mujeres, especialmente en tareas domésticas y rutinas diarias. Su película más famosa, Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), es un ejemplo icónico de esto, mostrando en tiempo real las actividades diarias de una ama de casa, lo que revela la monotonía y la presión emocional de su vida.

Las tomas largas y el ritmo lento ayudan a Akerman a capturar la esencia del tiempo y de las rutinas. El espectador siente el tiempo como lo viven los personajes, empatiza con ellos y puede llegar a sentir el aislamiento y distancia a la que están sometidos respecto a la sociedad.
Existe una conexión íntima directamente vinculada con estas protagonistas: los espacios dejan de ser solamente lugares físicos. Las casas y espacios interiores se transforman en parte de la narración y de la historia.

En el largometraje Je, tu, il, elle (1974) una mujer habla en monólogo y la entendemos, la escuchamos, la sentimos... La protagonista es la misma Chantal Akerman, una mujer solitaria que repite las mismas acciones y actividades constantemente.
El estilo minimalista de Akerman a la hora de rodar, con diálogos prácticamente nulos y una dirección de arte sobria, obliga al espectador a centrar su atención en los pequeños detalles, amplificando la importancia de cada acción y gesto.

Esta interacción en el espacio se ve claramente en las películas de Akerman, pero también en sus textos. Una familia en Bruselas logra captar a la perfección la soledad y el duelo de una mujer alejada de sus familiares y amistades. Lo banal del día a día de la voz narrativa logra convertirse en una herida intransitable. El texto, atropellado, encapsula las intenciones de Chantal Akerman como creadora y consecuentemente, como cineasta.