A la edad de 90 años, Margaret Hamilton dejaba el planeta tierra en un hospital, como confirmaba su hija Lauren, para formar parte de su hábitat natural: las estrellas.
Hamilton siempre fue considerada una pionera. Su privilegiada mente acuñó el término ingeniería de software y consiguió a través de un código de navegación, que el ser humano conquistara la Luna. Fue la responsable de liderar a un equipo de 100 personas para sacar de la órbita terrestre a Neil Armstrong y Buzz Aldrin en las misiones Apolo.
A principios de los años 60, fue una joven matemática en el Instituto de Tecnología de Massachusetts que pagaba los estudios de derecho de su esposo trabajando en un laboratorio de computación al que muchos fines de semana también llevaba a su hija. Cuando se enteró de que el Instituto estaba diseñando computadoras de vuelo para la misión lunar, quiso aportar todas sus ideas.
Se convirtió en la primera mujer programadora contratada para trabajar en el proyecto Apolo en 1965. Sus habilidades y su inteligencia la llevaron a ser ascendida a directora de ingeniería de software en el proyecto. Desarrolló las dos computadoras que iban a bordo de los vuelos Apolo: una en el módulo de mando, que transportaba a los astronautas desde la Tierra, y la segunda en el módulo lunar, que descendió sobre la superficie de la Luna.
Aunque la navegación principal para los vuelos Apolo se guiaba desde Houston en computadoras centrales de IBM, la Computadora de Guía Apolo que creó el laboratorio del MIT era un engranaje crucial que puso el trabajo de la ingeniería de software a la misma altura que el de la ingeniería de hardware.
No somos conscientes de lo titánica que fue la labor de desarrollar ese software en una época en la que las computadoras tenían una memoria limitada. Las computadoras a bordo contenían solo 72 kilobytes de memoria de almacenamiento, muchísimo menos que cualquiera de nuestros teléfonos móviles. De hecho, no en vano, es muy popular una fotografía de Margaret con una una pila de código impreso que mide casi el metro sesenta y tres que tenía ella de altura.
Cuando Eagle, el módulo lunar del Apolo 11, llegaba a la Luna el 20 de julio de 1969, Hamilton, entonces de 32 años, era la persona conectada al Control de Misión en Houston desde el MIT.
«No me estaba concentrando en la misión pero me estaba concentrando en el software y pude ver la vida del Apolo pasar delante de mis ojos. Pensé: lo logramos, funcionó. Fue muy emocionante».
Margaret Hamilton
El papel de la científica, matemática e ingeniera para que el ser humano llevara a cabo una de las conquistas más importantes de nuestra historia, fue determinante tanto en el diseño del software como en la misión en sí. Una misión que estuvo a punto de no ser el rotundo éxito que fue.
A medida que el Eagle se acercaba a la Luna, la computadora a bordo empezó a emitir alarmas, y el Control de Misión se enfrentó a la encrucijada de abortar el alunizaje o seguir adelante. Uno de los astronautas, según varias fuentes, accionó un interruptor que sobrecargó la unidad de procesamiento de la computadora, lo que activó las alarmas.
Hamilton había previsto que esto podría ocurrir por lo que diseño su software para que le indicara a la computadora a bordo que debía priorizar las tareas esenciales y cancelar las menos importantes. La alarma era la señal de que el procedimiento había ocurrido. Houston eligió continuar la misión y la computadora del Eagle la condujo a un alunizaje seguro.
«Si la computadora no hubiera reconocido este problema y no hubiera tomado medidas de recuperación, dudo que el Apolo 11 hubiera sido el alunizaje exitoso que fue», escribió Hamilton en una carta de 1971 a la revista de informática, Datamation.
Tras la proeza de Margaret, trabajó en las seis misiones de alunizaje de 1969 a 1972. Su programación también contribuyó a la creación de Skylab, la primera estación espacial de Estados Unidos, lanzada en 1973, y al diseño inicial del transbordador espacial. En 1976, dejó el MIT para fundar la empresa Higher Order Software, así como una segunda firma una década después: Hamilton Technologies.
La también conocida como la madre de las cuerdas, debido al mecanismo con los que se escribían los programas de aritmética binaria que se almacenaban utilizando alambres de cobre tejidos alrededor de un material diminuto en forma de rosquilla llamado núcleos, recibió la Medalla Presidencial de la Libertad en 2016 de manos de Barack Obama.
También, en 2019, coincidiendo con el aniversario número 50 del alunizaje, Google orientó más de 100.000 espejos en su planta de energía solar Ivanpah en el desierto de Mojave, para crear un retrato nocturno de Hamilton más grande que el Central Park y que se avistaba gracias a la luz de la Luna reflejada en todos los espejos.
Los diversos reconocimientos que ha tenido Margaret Hamilton por su increíble labor y su inteligencia fuera de serie, no es algo que ocurra demasiado en la comunidad de científicos e investigadores, pero es que ella tiene hasta su propia figura de LEGO y eso es sólo otro de los hitos que despeja todas las dudas acerca de que ha sido una mujer que no sólo ha dejado su huella en la tierra, la ha dejado mucho más allá del infinito universo.
Web dedicada a Margaret Hamilton, desarrollada por el programador y divulgador español Miguel Ángel Durán.
