La apasionante historia de las raquetistas vascas, pioneras en el deporte y en la vida

Hay historias que corren el riesgo de no ser contadas, memorias no construidas que podrían perderse, como la que hay detrás de las raquetistas vascas.

 

raquetistas vascas

 

Entre 1917 y 1980, decenas de mujeres del País Vasco y de fuera de la región coparon los frontones de todo el país jugando a la pelota con raquetas de madera. Eran las raquetistas, las primeras mujeres federadas en un deporte en España. Se cree que pudieron ser muchas, cientos incluso, pero apenas quedan algunas con vida.  

217 nombres de las centenares de mujeres que jugaron durante estas décadas están siendo recopilados por Ainhoa Palomo y Jon Juanes, dos románticos que están detrás de la asociación Raketistak Lehen eta Orain y que desde hace cuatro años recopilan datos, fotografías, documentos y testimonios que permiten reconstruir lo que sucedió en aquellos años.

«Estamos embarcados en un trabajo contrarreloj. Las raquetistas más jóvenes tienen unos 70 años, las que vivieron la época dorada rebasan ya los 90, la mayor parte de las historias de esta modalidad están dentro de sus cabezas y corremos el riesgo de perder tanto sus testimonios como el material que guardan en sus casas», confiesan ambos inverstigadores.

 

raquetistas vascas 1 Un grupo de raquetistas en una imagen cedida por la Asociación Raketistak Lehen eta Orain.

 

Estas mujeres, pioneras en el deporte y en la vida, van a recibir el próximo mes de marzo el Premio Carmen Adarraga, como símbolol de reconocimiento a su papel en la introducción de la mujer en el mundo del deporte. Se cree que aquellas mujeres fueron las primeras deportistas profesionales del mundo. Fue en 1917 cuando el empresario donostiarra Ildefonso Anabitarte se llevó a varias jóvenes a Madrid y las puso a jugar. Jugaban en frontones pequeños a gran velocidad, sin ninguna protección y con espectáculo garantizado.

Por aquel entonces proliferaron los frontones tanto en España como en América lo que demanda pelotaris y fueron muchas las guipuzcoanas que se atrevieron a dar el paso pese a que estaban mal vistas en general en el País Vasco. En el exterior, sin embargo, muchas de ellas probaron las mieles del éxito. La mayoría ganaba lo suficiente para mandar dinero a sus familias y se conviertieron así, sin saberlo ni pretenderlo, en pioneras de la igualdad de género en el deporte.

 

  

Las raquetistas fueron de alguna manera víctimas de una sociedad que no entendía cómo unas mujeres eran capaces de ganar dinero, incluso, mucho dinero, jugando a pelota.

«Mandaban dinero a casa para sostener a sus familias», afirma Palomo. «Manejaban dinero y tenían mucha autonomía, algo que no estaba bien visto. Los comentarios sobre ellas eran negativos. Hemos conocido historias surrealistas, hasta de raquetistas cuyos hijos conocieron ya siendo adultos, con 40 años o más, que sus madres habían jugado en su día a pelota. Eso ha llevado a la pérdida de material importante que estaba en sus domicilios. No se les concedió el valor que poseían. Llegamos tarde».

«Las raquetistas fueron las primeras mujeres deportistas que cotizaron a la Seguridad Social», añade Ainhoa Palomo. «Las pelotaris del frontón Colón de Barcelona reclamaron en un juzgado y se les reconoció antes incluso que a los futbolistas».

Completar la olvidada, proscrita y apasionante historia de las raquetistas es el objetivo de estos dos entusiastas de Oiartzun.

h/t: El Correo Vasco 

 

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